sábado, 11 de febrero de 2017

EL MITO DE LAS EDADES

 En realidad, una interpretación tan literal de un texto profético es muy insuficiente y, en efecto, los autores cristianos de la Edad Media supieron identificar la sucesión de los cuatro reinos de Daniel con la de las cuatro Edades tradicionales de nuestra humanidad. Nos basta como prueba el pasaje siguiente de la Divina Comedia, en el que Dante retoma a su vez el mismo símbolo del Coloso con pies de barro (Infierno, canto XIV):
"En medio del mar hay un país medio destruido, llamado la isla de Creta, que fue gobernado por un rey bajo cuyo reinado el mundo vivió en la castidad. Allí hay una montaña conocida por el nombre de Ida: en otro tiempo bañada por fuentes y coronada de bosques; ahora está desierta, como algo que ha envejecido. Rea la escogió secretamente como cuna de su hijo; y para ocultarlo mejor, cuando lloraba hacía que se produjesen grandes ruidos. En la ladera de la montaña, se ve un enorme anciano en pie, que está de espaldas hacia Damieta, con la mirada fija en Roma, como un espejo; su cabeza está formada de oro fino, sus brazos y su pecho son de plata, sus costados de cobre, el resto del cuerpo se termina en hierro escogido; pero el pie derecho es de arcilla, y sobre este débil apoyo reposa la masa entera. Todas las partes, excepto la de oro, presentan ciertas hendiduras por las que se deslizan las lágrimas que se infiltran en la montaña. Su curso se dirige hacia este valle en que dan nacimiento a Aqueronte, la Estigia y el Flegetón: finalmente, descienden por los más bajos círculos de este imperio, donde se convierten en la fuente impura del Cocito".
De este texto tan notable de la Divina Comedia, y que completa felizmente el sueño de Nabucodonosor, el caballero de Montor ha dado en su traducción el siguiente comentario, en el que se desvela el verdadero sentido del simbolismo de la estatua (o del anciano) con los pies de barro: "Esta gran imagen justifica alegorías que todos los comentaristas, desde Bocaccio, han explicado ampliamente. Sin embargo, tal vez vale más ver sólo lo que es, una idea un poco gigantesca, pero poética, del Tiempo, de las cuatro Edades del mundo, y de los males que han hecho llorar a la raza humana en cada una de estas edades, excepto en la primera, a la que los poetas de todos los tiempos han dado el nombre de edad de oro. Podemos añadir a todo ello que Dante ha tomado esta imagen del sueño de Nabucodonosor".
Una explicación tan clara parece no necesitar de ninguna demostración complementaria, tanto más cuando el mismo Dante hace preceder la descripción del Coloso con pies de barro por una evocación a la edad de oro, en la que reina Saturno (el rey bajo cuyo reinado la gente vivía en la castidad). En estas condiciones, podemos identificar desde ahora los cuatro reinados de Daniel con las cuatro edades tradicionales de Oro, de Plata, de Bronce y de Hierro, según la siguiente tabla:
El primer reinado, figurado por la Cabeza de oro: la Edad de Oro.El segundo reinado, representado por el Pecho y los Brazos de Plata: la Edad de Plata.
El tercer reinado, simbolizado por el Vientre y los muslos de bronce, corresponde a la Edad de Bronce.
El cuarto reinado, descrito bajo la imagen de las Piernas de hierro y los Pies de Barro = Edad de Hierro.

Una vez admitida esta interpretación del símbolo de la estatua con los pies de barro, es importante conocer porqué: Primeramente, ¿por qué razón la Cabeza de oro representa el primer reinado de Daniel así como la primera Edad o Edad de Oro de nuestra Humanidad? Ocurre que la cabeza, con los ojos, órganos de la visión, y la boca que habla (la palabra, es el verbo), la cabeza figura el Conocimiento, es decir el carácter contemplativo de los hombres de la Edad de oro, de los que se ha dicho que "vivían en presencia de Dios". En cuanto al pecho y a los brazos de plata, simbolizan el carácter eminentemente real de la Edad de Plata (emblema de la realeza es el brazo que blande la espada o que tiene el cetro).

A su vez, el simbolismo del vientre de bronce no es menos claro; el vientre siempre ha representado, en efecto, la naturaleza inferior y las necesidades materiales cuya satisfacción incumbe a la casta de los mercaderes; y la mentalidad de ésta caracteriza propiamente la Edad de Bronce.
Por último, la curiosa imagen del hierro mezclado con el barro combina las enseñanzas de la doctrina hindú, que muestra la casta inferior nacida de la tierra, con las de la tradición greco-romana y de la Historia relativas a la duración, y también a la fragilidad de las tiranías de la Edad de Hierro.
Además, no es tan sólo en este último caso que se observa un perfecto acuerdo entre las dos tradiciones hindú y judía. Así en la India, la casta sacerdotal que rigió la Edad de Oro surge de la cabeza de Brahma, mientras que la casta real procede de los brazos de Dios, y la tercera casta, la de los mercaderes, de sus muslos.
En cuanto a la progresión descendente de las cuatro partes del ser desde la cabeza, dominio de lo mental y cuya "frente contempla", hasta los pies, "confundidos con la tierra que les sirve de soporte", esta progresión constituye el símbolo más notorio que el espíritu humano ha encontrado jamás para figurar las cuatro edades de la Caída, desde la antigua Edad de Oro (o época paradisíaca) hasta la actual Edad de Hierro. Para darse cuenta de ello basta con observar las cuatro partes del Hombre de pie, remontándose, con Victor Poucel, desde los pies hasta la cabeza (lo que vendría a ser como remontar simbólicamente el curso de la Historia, desde nuestra época oscura o Edad de Hierro hasta los días radiantes del Edén primordial):
"La línea se levanta desde el suelo, confundida primero con la materia pura: pies y pedestal son para el espíritu un mismo soporte. Después en las plantas superiores, una progresión se afirma: la región abdominal más cercana al suelo, cargada de transferencias de la materia viva, con las funciones de conservación y crecimiento por la nutrición y la sexualidad. A partir del diafragma, esta vida primaria, puesta al servicio del pensamiento individual, en el misterio de las funciones de los pulmones y del corazón. En el plano superior, más evidentemente todavía, los sentidos elaboran, en provecho del ser pensante, los despojos del mundo, después, el pensamiento, a su vez, se apodera de estos granos y los encierra en la materia cerebral cuyas fibras se orientan en vista de la acción.
"La misma progresión se afirma en una disposición equivalente de las partes como en el todo. Bajo el rostro la mandíbula es más animal, seguidamente el paladar, la nariz son órganos de finura y de discernimiento; los ojos vehiculan la inteligencia, la frente contempla".
Al contrario y volviendo a la descripción "descendente" del Coloso con los pies de barro, vemos que el curso descendente de la Historia está representado como sigue: cabeza, pecho y brazos, vientre, y finalmente, pies y pedestal, que simbolizan respectivamente, para la cabeza, la sabiduría de la Edad de Oro; para el pecho, el coraje (y la pasión) de la Edad de Plata; para el vientre, los apetitos de la Edad de Bronce, y finalmente, para los pies y el pedestal, el materialismo y la ignorancia de la Edad de Hierro.

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