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sábado, 22 de marzo de 2025

El maullido de amor de Grisito

 


Un relato corto.

✍️ "El maullido de amor de Grisito"


Montesinos era un pueblo pequeño donde todos se conocían. Las calles de tierra se llenaban de voces en las tardes, cuando los pocos vecinos que habitaban alli salían a charlar bajo la sombra de los árboles. En ese rincón de la montaña rodeado de vegetación espesa y casas de tejados de pizarra, vivía María junto a su esposo, Rafael y su suegra, Doña Carmela.


María siempre había sido una mujer callada, pero firme. Llevaba cuatro años casada y, aunque su matrimonio tenía altibajos, nunca imaginó que la peor traición vendría de aquellos que compartían su techo.


La desaparición de Grisito.


María regresó a casa después de una semana de ausencia por asuntos de trabajo. Estaba ansiosa por ver a Grisito su gato agrisado con ojos de miel, su fiel compañero desde que lo encontró abandonado en una caja a las puertas de una protectora en donde ella hace labores de voluntariado.


Pero Grisito no estaba.


—¿Dónde está Grisito? —preguntó María en cuanto entró por la puerta.


Rafael, sentado en el sillón, desvió la mirada. Doña Carmela, que cortaba tomates en la cocina, ni siquiera se inmutó.


—No sé, mujer. Seguramente se fue por ahí —respondió Rafael con desgana.


María sintió un escalofrío. Grisito nunca se alejaba demasiado. Siempre esperaba en la puerta cuando ella llegaba.


—Grisito no es de esos gatos que se pierden —insistió ella, mirando a su suegra.


La anciana resopló con fastidio.


—¿Para qué haces tanto escándalo por un animal? Ya eres adulta María. Mejor ocúpate de tu casa y tu marido.


María sintió un nudo en la garganta. Algo estaba mal...


Pasó toda la tarde llamando a Grisito por el patio, caminó por las calles del pueblo preguntando a los vecinos, pero nadie lo había visto. Cuando volvió a casa, su desesperación se transformó en furia.


—¿Qué hicieron con Grisito? —exigió, con la voz temblorosa.


Rafael se levantó del sofá con gesto incómodo.


—Ya te dije que no sabemos nada.


Pero Doña Carmela la miró con frialdad y, con una calma cruel, dijo:


—Lo eché de la casa. Estabas demasiado apegada a ese animal, como si fuera más importante que tu esposo.


María sintió que el suelo se hundía bajo sus pies.


—¿Qué hiciste? —susurró.


—Lo llevé lejos. No necesitas saber más —respondió la suegra, limpiándose las manos en el delantal.


María sintió un ardor en el pecho, una rabia que nunca antes había experimentado. Pero antes de hacer algo de lo que pudiera arrepentirse, la voz de su vecina Elisa la hizo girar.


—María, ven un momento —dijo desde la puerta.


María la siguió hasta su casa, donde Elisa sacó su móvil y le mostró un video.


La imagen era borrosa, grabada desde la ventana de la casa de Elisa. En el se veía a Doña Carmela con una gran bolsa en las manos, caminando hacia las afueras del pueblo. En un momento, la bolsa se movió y se escuchó un leve maullido. Luego, la imagen mostró cómo la mujer dejaba el bulto en el suelo y se alejaba sin mirar atrás.


María sintió un nudo en la garganta.


—Esto fue ayer en la tarde —dijo Elisa con tristeza—. No sabía si decirte, pero pensé que debías saber la verdad.


Sin pensarlo, María corrió hacia el monte con la esperanza de que Grisito siguiera con vida. Gritó su nombre una y otra vez, hasta que, en medio de la maleza, escuchó un maullido débil.


Siguiendo el sonido, encontró la bolsa rasgada y, a unos metros de él, a Grisito, débil, sucio, pero vivo. María lo tomó en brazos, sintiendo que su corazón volvía a latir.


Cuando volvió a casa, Rafael intentó hablar, pero ella lo ignoró. Con Grisito en brazos, tomó una mochila, metió algunas de sus cosas y salió sin mirar atrás.


—¿A dónde vas? —preguntó Rafael, alarmado.


—A donde no tenga que compartir mi vida con personas que no respetan lo que amo —respondió María con firmeza.


Aquella noche se quedó en casa de Elisa y, al día siguiente, cogió un autobús lejos de allí. Encontró trabajo en una clínica veterinaria y con el tiempo, y empezó de nuevo junto a su amado Grisito y tuvo una vida plena y feliz.


María aprendió que el amor no es solo para las personas, sino también para los seres que nos acompañan en la vida. A veces, la traición viene de quien menos esperamos, pero siempre hay caminos para alejarnos de lo que nos lastima.


Y Grisito ,a su manera, también le enseñó una lección: no importa cuán oscura sea la oscuridad del bosque ,siempre hay una oportunidad de encontrar el camino de regreso a casa...

lunes, 29 de abril de 2024

LA RÉSISTANCE - INSURRECCIÓN

LA RÉSISTANCE - INSURRECCIÓN 

en låt av El Último de la Fila 

översatt den 15 mars MMXXIV

av Sandra Dermark

i fiskarnas tecken

.......................................

Var var du vid den tiden

då jag behövde dig som allra mest?

Ingen är bättre än ingen

men du trodde du segrade och bjöd till fest...

Om jag grät på din tröskel

förgäves det var...

Dränka min sorg, dumpa kärlek här och var...

Jag visade er det värsta stycke jag har kvar...

Ett lapptäcke av min livstid,

av foton i motljus...

Känner mig som en pilgrimsfalk

som sårats utav alla ovisshetens pilar...

........

Jag klipper mitt hår gång på gång

och här och var...

Vill vara vårt försvar...

Ge mig min själ och lämna mig därpå ifred!

Jag vill försöka att ej falla återigen!

List, knep och fuffens

för att fortsätta strida vid fronten...

Känner mig som en pilgrimsfalk 

som inkallats i leden av La Résistance...



sábado, 23 de diciembre de 2023

ART HISTORY ADVENT CALENDAR - DAY 23

 Week of Creativity

23rd of December - Let your Reads Take Wing


Put your heart into literature

as you read

and you will feel

the death of your beloved characters (Enjolras, Grantaire, and company; Sirius, Remus, Tonks, Fred Weasley...)

the loves of your beloved characters (Othello and Desdemona, Marius and Cosette, Enjolras and Grantaire, Ron and Hermione...)

Their first heroics (with guns, words, or patroni...)

Their hearts shall be yours to keep.

viernes, 8 de diciembre de 2023

ART HISTORY ADVENT CALENDAR - DAY 8

 Week of Love  

8th of December - Othello and Desdemona


"No way but this;

killing myself, to die upon a kiss."

You were the only one who loved me for me;

seeing the man instead of the war hero or the freak.

And I loved you with all my heart back,

so much that I feared losing you,

like I lost so many friends on the battlefield.

When it seemed I had lost you, I thought of your death

as a way of sparing others the heartbreak I felt.

It was like the whole cosmos fell apart,

and only getting rid of you would set things right.

I have just realised you were innocent,

always pure and true,

and I would live in infamy, fallen from grace,

for having taken away such a pristine life.

No way but this;

killing myself, to die upon a kiss.

lunes, 15 de mayo de 2023

Seven Cups - a Taoist Poem


The first bowl moistens my lips and throat;

The second bowl banishes all loneliness;

The third expelled the dullness from my mind,

Inducing inspirations born from all the books I’ve read;

At the fourth cup, I begin to perspire –

life's troubles evaporate through my pores.

The fifth cup cleanses my entire being.

Six cups and I am in the realm of the Divine.

Seven cups - ah, but I can drink no more:

I can only feel the gentle breeze blowing through my sleeves,

wafting me away to the Isle of Immortality!

-- Lu Tung, 8th century Taoist poet

miércoles, 2 de noviembre de 2022

WULF AND EADWACER: SAXON, FROM THE EXETER BOOK

This is an old elegiac poem from Saxon times, found in the Exeter book. The name Eadwacer is pronounced "OWD-watcher," while Wulf is pronounced like wolf. Fens are wetlands. The "pup" is obviously the child of the female narrator and Wulf, who is taken to be abandoned in the woods maybe because of illegitimacy? She was having an affair with Wulf, who was on the enemy side in this war, and married to Eadwacer, or so it appears...

It is to my people as if someone gave them a gift.
They want to kill him, if he comes with a troop.
It is different for us.
Wulf is on one island, I on another.

That island, surrounded by fens, is secure.
There on the island are bloodthirsty men.
They want to kill him, if he comes with a troop.
It is different for us.
I thought of my Wulf with far-wandering hopes,

whenever it was rainy weather, and I sat tearfully,
whenever the warrior bold in battle encompassed me with his arms.
To me it was pleasure in that, it was also painful.
Wulf, my Wulf, my hopes for you have caused
my sickness, your infrequent visits,

a mourning spirit, not at all a lack of food.
Do you hear, Eadwacer? Wulf is carrying
our wretched pup to the woods,
that one easily sunders which was never united:
our song together

miércoles, 18 de agosto de 2021

DE TU SOMBRA (fragmento).

 DE TU SOMBRA (fragmento).

"NO PUEDES COMPRAR PARAISOS INABORDABLES
NI BEBER TODA LA SED DE LAS DISTANCIAS.
NO PUEDES GUARDAR PARA SIEMPRE EN LA MEMORIA,
AQUELLA RISA INFANTIL,
NI PUEDES CONTINUAR EXPLORANDO LOS RECUERDOS
QUE CORTEJAN TUS DUELOS.
PERO PUEDES CANTAR ALABANZAS A LAS CERTEZAS
Y A LOS MITOS DE LA NIÑEZ, A LOS INSTANTES DE SOL
QUE SE ESCONDEN EN ESOS OJOS QUE, ENTRECERRADOS,
CELEBRAN EL SABOR DE AQUELLA BOCA".
LIBRO: LETANÍA DEL JAZMÍN.

lunes, 24 de febrero de 2020

EL FUSILAMIENTO DE UN LIBREPENSADOR

Tomás de Romeu, quien durante cincuenta años había despotricado contra el clero y los dogmas de la Iglesia, recibió el sacramento con los demás condenados y hasta comulgó. «Por si acaso, padre, no se pierde nada…», comentó en broma.

Había estado enfermo de miedo desde el momento en que oyó a los soldados llegar a su casa de campo, pero ahora estaba tranquilo. Su congoja desapareció en el momento en que pudo despedirse de sus hijas. Durmió las dos noches siguientes sin sueños, y pasó las jornadas animado. Se abandonó a la muerte cercana con una placidez que no había tenido en vida. Empezó a gustarle la idea de acabar sus días con un disparo, en vez de hacerlo de a poco, sumido en el inevitable proceso de la decrepitud. Tal vez pensó en sus hijas, libradas a su suerte, deseando que Diego de la Vega cumpliera su palabra. Las sintió más distantes que nunca.

En las semanas de cautiverio se había ido desprendiendo de recuerdos y sentimientos, así había adquirido una libertad nueva: ya nada tenía que perder. Al pensar en sus hijas no lograba visualizar sus rostros o diferenciar sus voces, eran dos pequeñas sin madre jugando con muñecas en los sombríos salones de su casa. Dos días antes, cuando lo visitaron en la prisión, se maravilló ante esas mujeres que habían reemplazado a las chiquillas con botines, delantales y moñitos de sus reminiscencias. Carajo, cómo pasa el tiempo, murmuró al verlas. Se despidió de ellas sin pesar, sorprendido de su propia indiferencia. Juliana e Isabel harían sus vidas sin él, ya no podía protegerlas. A partir de ese instante pudo saborear sus últimas horas y observar con curiosidad el ritual de su ejecución.

La madrugada de su muerte, Tomás de Romeu recibió en su celda el último presente de Eulalia de Callís, una cesta con un abundante refrigerio, una botella del mejor vino y un plato con los más delicados bombones de chocolate de su colección. Lo autorizaron para lavarse y afeitarse, vigilado por un guardia, y le entregaron la muda de ropa limpia que enviaron sus hijas. Caminó gallardo e impávido hacia el sitio de la ejecución, se colocó ante el poste ensangrentado, donde lo ataron, y no permitió que le vendaran los ojos. A cargo del pelotón estuvo el mismo oficial de los iris celestes que había recibido a Juliana e Isabel en La Ciudadela. A él le tocó darle un balazo en la sien cuando comprobó que tenía medio cuerpo destrozado por los disparos pero seguía vivo. Lo último que vio el condenado antes de que el tiro de misericordia estallara en su cerebro fue la luz dorada del amanecer en la niebla.

El militar, que no se impresionaba con facilidad, porque había sufrido la guerra y estaba acostumbrado a las brutalidades del cuartel y de los calabozos, no había podido olvidar el rostro anegado en lágrimas de la virginal Juliana, arrodillada ante él. Quebrantando su propia norma de separar el cumplimiento del deber de sus emociones, fue a llevarles la noticia en persona. No quiso que las hijas de su prisionero lo supieran por otros medios.

– No sufrió, señoritas -les mintió.



Isabel Allende.

viernes, 14 de febrero de 2020

POEMA DE UN TROVADOR ANÓNIMO



"Niña de mirada ausente, acodada en tu ventana:
Estás mirando a los campos, o estás mirando a la nada,
mientras te envuelves en tenue bruma dorada
¿de gratos sueños que alejan una realidad ingrata?
Niña gentil: ¿sueñas imposibles futuribles?
Añorando el futuro, desdeñosa,
¿del momento se fugan tus ojos apacibles?
¡Cuidado! ¡Que los sueños
cuestan llanto y se hacen dueños
de este el vivir cotidiano!
Torna tu mirar adentro, fuera del sol meridiano.
Mira, y toma como tuyo, soñadora virgen,
este mundo dulce y cruel de cosas visibles y tangibles"

sábado, 14 de diciembre de 2019

ADVIENTO - LA MADRE QUE PERDIÓ A SU HIJA

LA MADRE QUE PERDIÓ A SU HIJA

La madre estaba caminando por el parque sumamente preocupada porque hacía unos minutos había perdido de vista a su niña.

Con infinita desesperación se acercaba a todas las personas que había a su alcance y, dándoles la descripción específica de la niña, les preguntaba si la habían visto.

Al parecer todo esfuerzo era inútil, nadie sabía nada sobre ninguna pequeña o gente parecida.
Tal vez porque se lo dictaba su instinto materno o quizás simplemente porque la empujaban la agonía y la impotencia, la madre, toda hecha un montón de lágrimas, subió  a la glorieta y empezó a dar vueltas entre los hierros como un molino antiguo.

La multitud de repente se detenía y la contemplaba de la misma manera que se contempla a una bestia enjaulada en un zoológico. A decir verdad, alguno intentó ayudarla pero vanamente.

Aquella señora parecía no oír ni entender nada, sólo se quedaba allí dando vueltas y suplicando al cielo por su hija. De repente, entre los vozarrones y los murmullos de la muchedumbre se coló una voz débil y tierna, una voz como salida de otro hemisferio, un hemisferio inocente e infantil, una voz que también parecía suplicar y llorar; esa voz se dirigió a la mujer diciendo:

_ ¡Mami, mi mami! ¡Aquí estoy!

Con pasos de felicidad la niña se acercó hasta el centro de la glorieta y abrazó a su madre con la efusión de que hace años que no la ve y la extraña. La madre a su vez parecía querer meter su alma en la suya y se aferraba a su hija con la misma pasión que un náufrago se aferra a su tabla de salvación.

_ ¿Mi hija, por qué me has hecho esto? ¿Dónde estabas, estás bien?

Era lo que le preguntaba entre lágrimas y pelo suelto. La niña parecía no entender, o quizás sólo era que no deseaba contestar. Lo cierto era que estaba absolutamente muda, pero había felicidad en sus ojos.  

Ya de camino, tomada de la mano por su madre, la pequeña rompió el silencio y dijo:

_ Sólo fui a la piscina a ver el reflejo del sol. Lo siento mamá, pero no tenías que preocuparte. Tú siempre me has dicho que yo estoy en tu corazón. ¡Jamás me perderás!
Autor: Pablo Reyes

miércoles, 6 de noviembre de 2019

IN MEMORIAM GUSTAVI ADOLPHI - MMXIX


To the memory of Gustavus Adolphus Karlsson of Vasa

*Nyköping, Sweden, 9th of December 1594 
 + Lützen, Saxony, 6th of November 1632

His spouse Mary Eleanor (next to the throne), their daughter Christina Augusta 
(in his arms), his right-hand man Chancellor Axel Oxenstierna (next to the throne),
 his courtiers and his people, his officers and soldiers, will always
 keep his memory alive, as long as Sweden and freedom exist.

Beloved ruler of nations and leader of armies,
consort, father, friend, and lover



Inspired by thirst
for glory, on the field of battle quaffed
instead death's bitter draught.


Lützen

av Carl Snoilsky





De drabbat samman med dunder och knall

i höstdagens ljusningstimma.

Det smattrar från gravar och dikesvall,

det blixtrar i gulgrå dimma.



Att segra, att segra i dagens kamp

är ringaste ryttares tanke

ännu, då han fallande griper i kramp

sitt tag om springarens manke;



och pikenerarn riktar sitt järn

ur markens blodpöl att stinga

den överridande kyrassiärn,

som brusar på löddrig bringa.



Soldaten blint in i faran går,

att döda och dö är hans gärning,

men fältherrn han ser huru spelet står

och kastar sin tunga tärning.



Där är han, där syns han i sträckt galopp,

se, plymen på hatten nickar!

I kyller hans jättegestalt söks opp

av vänners och fienders blickar.



Sin sviktande flygel han själv för an

och leder i handgemänget.

Han vågar sitt liv som en simpel man,

och skidan är tom i gehänget.



Han bärs som på stormens vingar framåt

i dimman, där salvorna braka.

Likt hagel det smattrar mot harneskplåt,

och hästarne stryka tillbaka.



"Framåt, mitt småländska rytteri!

Framåt, mina tyska bröder!"

Förgäves, förgäves - de efter bli.

Då ropas det: "Konungen blöder!"



i famnen på Pappenheims mörka tropp

hann ingen den vacklande följa.

Det gula kyllret slöks ensamt opp

av järnmännens rasslande bölja.



Ett anskri, som går genom märg och ben:

"O Gustav, vår konung, vår fader!"

Med båda linjerna smultna till en

gå rytande fram hans brigader.



Nu flyktar kroat och nu viker vallon

och stupade manshögt begrava

Friedländarens kallnade, stumma kanon -

sin seger martyren skall hava.



Det feltes ett ord i hans hjältedikt,

det ordet, som kröner bedriften:

de sörjande veta att fylla sin plikt,

i blod ge de slutunderskriften.



De segrat. På fältet i skön parad

de hedra sin älskade herre,

men fallna beteckna slagordningens rad,

de levande äro de färre.



Vid Lützen, på bakgrund av aftonskyn,

med dimmiga droppar på kinden

jag såg det - en blodig dallrande syn,

som flyttades undan av vinden.



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THE BATTLE OF LÜTZEN

A Historical Tableau by Carl Snoilsky
translated from the Swedish by Sandra Dermark
on the 2nd of September 2013



(Dedicated to Juan Carlos Ruiz with sincere admiration)



With thunder and lightning, two armies have clashed

at daybreak, one autumn morrow.

Through thick gray fog, gunfire has violently flashed,

stifling the wounded’s cries of sorrow.



On winning, on winning, on daring to dare

is hell-bent the mind of each rider,

though he lose the grip on the reins of his mare,

and rashly dismount, in a stride, her.



As the heavy cuirassier falls to the ground,

the pikeman, who would stand defeated,

sees his chance and thrusts his blade, turning around:

thus, rider and steed are mistreated.



The common soldier rushes into the fray:

his duty reads “dying or slaying”.

The commander watches his men the game play,

and soon heavy cards he’s seen playing.



There he rides, his blue plume flutters! Lovely lad!

Cool eyes, every muscle in tension!

The tall, dashing figure in bright doublet clad

draws friends’ and enemies’ attention!



Thus he takes command of his faltering wing,

exposed like a leader of twenty.

Like a young lieutenant, risks takes the blond king:

his sword’s drawn, his scabbard is empty.



He’s shuttled by thunderstorm wings through the ranks,

into the fog, into the fire.

Like hail, many a bullet on a breastplate clanks

where enemy units conspire.



“Onward, my brave Swedish cavalry!

Onward, comrades of German breeding!”

In vain… they can’t catch up… their leader don’t see...

then, suddenly, hear: “The King’s bleeding!”



Into the dark bosom of Wallenstein’s troop

no one the wounded rider followed.

The yellow doublet was, at one fell swoop,

by the clanking iron wave swallowed.



Then, a rising clamour sears flesh and bone:

“Gustavus! Our father! Our leader!”

Thus, his brigades combine: he won’t die alone.

They roar, rushing forward, dear reader.



Croatians retreat and Walloons take to flight,

and, buried in heaps of slain sinners,

the Friedlander’s cannons are hidden from sight:

the martyr’s men shall be the winners.



The last word was missing in his epic song:

the word that crowns every achievement.

The mourners have done their duty, right or wrong:

they wrote it in blood and bereavement.



They’ve won. On the fields, with a lovely parade,

they honour their beloved leader,

but most of them have fallen within the glade:

the living are few, my dear reader.



On the plains of Lützen, by faint evening light,

in cold, foggy early November,

I saw such a bloody, violent sight,

that I, to this day, still remember.


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LA BATALLA DE LÜTZEN


(traducción de Sandra Dermark)


6 de noviembre de 1632

Lützen, Sajonia




(A Juan Carlos Ruiz, de la UJI, por apoyarme.



Äras den som äras bör! )






Se han enfrentado al amanecer



del día otoñal que raya.



Se oye tronar desde las trincheras,



rayos en la niebla grisácea.





En vencer, en vencer y en nada más



es en lo que cada uno piensa,



hasta el jinete más modesto, aunque



del corcel derribado sea,





y, mientras de su montura cae,



se lanza a por él el piquero



a quien los cascos iban a aplastar:



los dos yacen ahora en el suelo.





El soldado raso no decide, no,



vive por morir y dar muerte;



el caudillo ve a los suyos ceder



y echa su fatídica suerte.





¡Allí está! ¡Ondea el penacho azul!



¡Cabalga a galope tendido!



Su augusto porte y coleto de satén



atraen a amigos y enemigos.





Se pone al mando del ala que cede,



se expone en primera fila.



Arriesga su vida como un hombre más,



y su vaina está vacía.





Le llevan las alas de la tempestad



adelante. Densa es la niebla.



Las balas resuenan al dar en corazas,



y otros disparos contestan.





“¡Adelante, jinetes del septentrión!



¡Adelante, hijos de Alemania!”



En vano, en vano: quedan atrás.



De pronto, alguien grita: “¡El rey sangra!”





Nadie de los suyos consiguió seguir



entre enemigos al herido.



La ola estruendosa de hombres de hierro



se tragó el coleto amarillo.





Un clamor que llega hasta el corazón:



“¡Gustavo, nuestro rey y padre!”



Unidas, rugiendo, avanzan sus dos



brigadas, pues hay que vengarle.





Ya huye el croata, ya cede el valón,



se entierra en caídos y escoria



del fridlandés el enfriado cañón:



el mártir tendrá su victoria.





Faltaba en su canción el verso final,



aquel que las gestas ensalce;



los que le lloran cumplen con su deber,



pues ellos lo escriben con sangre.





Han vencido y con muy bella procesión



honran a su amado caudillo,



mas los caídos brillan por su ausencia:



una minoría son los vivos.





No lejos de Lützen, al atardecer,



con lágrimas en las mejillas,



vi en la niebla aparecer esta visión



sangrienta, que ahora se disipa.







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Lützen.
Kirjoittanut Carl Snoilsky


Toimittanut Reinhold Roine



On alkanut pauhina taistelon

Syyspäivyen valjetessa.

Savu suitsuvi suista kaivannon,

Tuli leimuvi auteressa.



Vaan voittoa, voittoa toivotaan,

Sen yksin ratsahat muistaa

Viel’ orhinsa harjaa hahmiessaan,

Kun surma jo maahan suistaa.



Kyrassierit hurjana karkailee,

Hevon kyljet vaahtia kiiltää;

Verilammessa piikkiläs tähtäilee,

Yli-syöksijän rinnat viiltää.



Ei vaaraa harkita saa sotamies,

Vaan kuolettaa tahi kuolla;

Mut johtaja, arvan heittäen, ties

Kuka voiton, tappion puolla.



Hän tuossa nyt kiitävi ratsullaan,

Hatun töyhtö kas liehuen nyökkää!

Hänen jättiläsvartaloaan päin vaan

Omat pyrkivi, vallooni hyökkää.



Hän johtavi joukkoa horjuvaa,

Ja lailla ratsahan halvan

Käsikähmähän henkensä uskaltaa,

Ja tyhjänä huotra on kalvan.



Hän pyssyjen pauhuun tuimimpaan

Kuin myrskyn siivillä entää;

Siell’ luodit räiskyvi haarniskaan,

Hevot peljäten syrjähän lentää.



«Nyt eespäin Ruotsin parveke!

Nyt eespäin veikkoset Saksan!»

Oi turhaan, turhaan – loitolle

Jäi muut, ei seurata jaksa.



«Sai kuningas haavan» nyt huutavat –

Rivi musta vastassa tiellä.

Teräsmiesten lainehet kalskuvat

Sai keltasen kyllerin niellä.



Soi huuto, luita mi vihlaisee:

«Oi Kustaa, kuningas meidän!»

Nyt ärjyen joukot ryntäilee,

Jos harvakin linja on heidän.



Jo väistyvät laumat keisariset;

Vaan korkeat ruumiskunnaat

Tykit hautasi kylmät vaiennehet –

Nuo vainajan voiton on lunnaat.



Oli sankarilaulu kaatunehen

Teon uljahan kruunua vailla,

Verin loppuhun leimasi huolijat sen:

Olit voittajat taistelumailla.



Nyt katselu kunniaks’ johtajan

On kaunis kentällä tässä;

Mut vainajat näyttivät rintaman,

On hengissä harvat läsnä.



Näön värjyvän pinnalla pilven näin,

Luon’ Lützenin mulle se loisti,

Vesihernehet kiertyi silmähäin –

Näön illan tuulonen poisti.






The last word was missing in his epic song:
the word that crowns every achievement.
The mourners have done their duty, right or wrong:
they wrote it in blood and bereavement.



He left us when we (and he) expected it the least
in the prime of his life and at the climax of his career,
before he could be tarnished by the failing vigour of an older age
or by the corruption brought upon him by success. 
A single bullet, just like any other, 
suddenly struck his back and entered his noble chest, 
to quench a flame that never could or should have burned brighter.