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viernes, 20 de diciembre de 2019

ADVIENTO - El conejo y el otoño

El conejo y el otoño

Era una mañana de otoño, la brisa acariciaba los árboles como queriendo desprender las hojas de sus ramas, algunas de color amarillento y otras de color café pintadas por la estación.

Se escuchaba el crujir de las hojas secas bajo los pies del conejo Pablito que iba de camino a su madriguera.

El viento, otra vez el viento, soplaba con mayor fuerza despegando las hojas de los árboles que discretamente rozaban la piel del conejo Pablito hasta que finalmente caían al suelo.

Con olor a hojas secas, el conejo Pablito continuaba su camino dejando tras de sí la silueta de algunas hojas marcadas en el suelo. Olía a otoño.

Se podía seguir escuchando el crujir de las hojas secas tras los pasos de Pablito hasta que muy cerca de él pudo ver a una serpiente en el tronco de un viejo árbol. El zigzag de su lomo la delataba como víbora venenosa.
Por ese motivo Pablito cambió de dirección recordando que el miedo alertador es dueño de la seguridad. Eso le había enseñado siempre su madre.

Autora: María Abreu

jueves, 19 de diciembre de 2019

ADVIENTO - Para ver el arcoíris

Para ver el arcoíris


Al Sur de un hermoso país donde no llovía demasiado vivía la niña Noelia. Deseaba la llegada de la lluvia para que los campos estuvieran verdes y para que los árboles florecieran con lindos y variados colores.

Noelia nunca había visto un arcoíris y anhelaba ver si aparecía uno después de la lluvia. Pero como en el Sur llovía poco le pidió a su padre que se fueran de vacaciones a la casa de campo que tenían al Norte. El padre al escuchar la petición de su hija le pareció muy buena idea y se marcharon hacia allí.

Según pasaban los días, Noelia disfrutaba corriendo por el campo, gozaba jugando con sus amiguitos y algunas tardes se iba de pesca a un pequeño riachuelo. ¡Todo era muy divertido!

Sin embargo los días iban pasando y Noelia en muchas ocasiones miraba hacia el cielo para ver si la lluvia llegaba, pero ésta tardaba.

Al ver a su hija un poco decepcionada, el padre decidió llevarla a recorrer el campo montados a caballo, algo que a Noelia le emocionó enormemente.

Mientras cabalgaban por el campo, ya lejos de la casona, comenzó a llover de repente. La lluvia caía precipitadamente acompañada de truenos y relámpago.

Noelia sintió miedo en medio de la pradera y su padre al ver la lluvia caer le dijo:

_ Será mejor que regresemos a la casona.

Ambos decidieron dar media vuelta pero Noelia comenzó a tener frio. El padre al verla que se estaba quedando atrás  intentó animarla dando voces:

_ ¡Sé fuerte hija, saldremos de ésta!  ¡Yo estoy contigo!

Mas la lluvia seguía cayendo fuertemente y los truenos parecían que iban a partir los árboles en dos.
Bajo esta tormenta Noelia seguía teniendo frio, miedo y angustia. Sus lágrimas comenzaron a mezclarse con la lluvia pero sabía que no podía detenerse. ¡¡Era hora de avanzar!!

Corrió y corrió hasta que por fin llegó a la casona y entre gritos y lágrimas le preguntó al padre:

¿Por qué tuve que pasar por todo esto?

_ Porque si deseas ver el arcoíris tendrás que aprender a soportar la tormenta_ respondió el padre dulcemente.

Noelia en silencio se fue meditando a su habitación y se acostó mientras seguía escuchando el retumbar de la lluvia.

Al amanecer, la tormenta ya había pasado y la luz del sol estaba entrando por la ventana despertándola.

Cuando Noelia abrió la ventana elevó la mirada y vio un gran arco alrededor del cielo mostrando sus bellos colores.

Noelia muy impresionada llamó a su padre con mucha alegría y señalando el arcoíris le dijo:

_ Ahora entiendo que el arcoíris sólo se hace visible después de la tormenta.


Autora: María Abreu