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domingo, 4 de mayo de 2025

MAMÁ ES UN SOL

 MAMÁ ES UN SOL 

Por Sandra Dermark 


Sé que suena muy cliché, pero lo repito: MAMÁ ES UN SOL.

Ella me dio la vida, igual que el Sol da la vida a la Tierra.

Ella me da todo su cariño, igual que el Sol da luz y calor en sus rayos.

Ella siempre está rodeada de su hija humana (una servidora) y de sus hijos gatos, igual que el Sol lo está de los planetas.

Ella es única, igual que el Sol.

Ella se irá un día para siempre, igual que el Sol cuando se apague, pero siempre vivirá en mi 

corazón.

CAPERUCITA - Para el día de la Madre



CAPERUCITA de Teresa Wills Montt

 ¡Caperucita Roja!


¡Pobre muñeca rubia, cuya historia tanto hemos escuchado sin penetrar nunca la tragedia de su alma de flor!


Como ustedes saben, Caperucita era buena, pero curiosa. Amó demasiado la plática del lobo feroz en la soledad del bosque, olvidando los buenos consejos de su madre. ¡Era tan melifluo el ladino lobo! Sabía mirar tan hondo con sus ojos encendidos como ascuas.


Caperucita no pudo escapar de esa red hábilmente entretejida de sutiles encantos, y murió, triturado el corazón entre los dientes de aguja… ¡Pobre Caperucita Roja, frágil cosita de sueño! ¡Con qué pena debemos llorar la muerte de tu alma de flor!


* * *


En un país cuyo nombre no recuerdo —de esto hace mucho tiempo—, vivía una señora viuda que poseía, como inmenso y único tesoro, una hija. Era la niña tan linda, tan blanca, tan rubia, tan suave, cual rayo de sol, cual copo de nieve; era ángel humano cuya carne fuese hecha de raso y pétalos.


La viuda adoraba a su hijita; ella correspondía a ese cariño con beata sumisión.


Caperucita debía su nombre al traje que siempre vestía: una hermosa capita y gorro de color rojo y que sentaba a las mil maravillas en sus cabellos de oro y nacarada tez.


Cuando Caperucita cumplió quince años, hízole saber la madre todos los peligros a que se expone una criatura sin experiencia, y todos los agrados que trae consigo la conducta honesta y obediente. La niña, emocionada, prometió seguir las amorosas enseñanzas.


Como la viuda fuese pobre, ayudábala su hija en los quehaceres domésticos, dedicando sus momentos de recreo a las gallinas, a las cuales daba de comer migajas de pan, y regando las flores, cuyos tallos ostentaban su frescura en las macetas del balcón.

Caperucita, diligente, se levantaba con el sol; la cesta bajo el brazo, ligera y bulliciosa, salía a hacer compras. Eran sus andares rítmicos, armoniosos; había tal gracia en la redonda carita, que provocaba el piropo a cuantos la veían.

Ella, naturaleza humilde, bajaba los ojos ruborizada y sonreía como el más casto de los querubines.

¡Pobre chiquilla rubia!

Una mañana hecha de luz, de cantos, de perfumes, Caperucita, embriagada de sol, sintió la irresistible tentación de ir a bañar sus piececitos al río. El agua clara era su juguete predilecto. ¡Cuántas veces hubo de amonestarla su mamá para que retirase las manecitas casi yertas del chorro del pilón!

Caperucita tenía la peregrina ocurrencia de formar un collar con cuentas de agua que brillarían multicolores al sol.

Esa tan bella mañana, no pudo la chica sustraerse al deseo de llegar hasta el río.

—¿Por qué ha de enojarse mamá —pensó— si vendré a tiempo para hacer la comida? y si me atraso, no le diré nada. —Conforme con su atolondrada reflexión salió, el cestito al brazo.


La roja gorrita colgada a las espaldas daba libertad a sus rubios bucles, cuyas ensortijadas hebras flotaban desordenadas al viento.


Juguetona, corcobeante, esta cabrita nueva despojóse de sus zapatos y en un cerrar de ojos estuvo dentro del agua hasta las rodillas.


El río, quieto, quieto, murmuraba apenas un rezo al follaje; parecía dormido en su urna de cristal.

¡Qué rica, qué fresca burbujeaba el agua!


En ansia indecible de agradecer el dulce bienestar que le regalaba la corriente, inclinose Caperucita hasta las ondas y les ofreció sus labios.


Fue tan musical el chasquido de aquel beso, como el ruido que al caer en el río haría una piedra preciosa.


¿Acaso no eran los labios de Caperucita, un corazón de paloma tallado en un solo rubí?


Inconsciente la chica en su felicidad, no había notado dos ojos como carbunclos chispeantes, que la observaban detrás de una barca en la orilla opuesta.


¡Qué iba a notar ella el lobo feroz!


Pero la humana fiera, estaba codiciosa de la imagen que se destacaba en medio de la brillante naturaleza, cual una esbelta flor primaveral.

De un brinco saltó a la barca, a espaldas de ella, y acercándose sin ser notado, la sorprendió con saludo amable impregnado de perfidias y de mieles.


—Buenos días, Caperucita Roja. Benditos mis OJOS que te ven y mi corazón, que a tu sonrisa se adelanta.


—Buenos días, señor, —respondió azorada la niña—, ¿por dónde ha llegado usted, que no le he visto?


—La corriente me trajo hasta aquí; venía de pescar. ¿Te gustan los pececillos rojos, Caperucita? Son tocayos tuyos.


—¡Oh, sí! —respondió juntando las manecitas; y agregó tristemente. — Pero no se pueden pescar; son tan ligeros como los gusanillos de luz que echa el sol sobre el río cuando va a morir.

—Caperucita, ¿quieres pescaditos? Yo iré a buscarlos para ti. Mañana los tendrás.

—¡Oh sí! ¡Oh sí! —exclamó llena de júbilo—; traeré una tacita de porcelana para llevarlos a casa.

—¿Me prometes que vendrás — preguntó el joven tomando una de las inquietas manitas— y no dirás nada a nadie?

—¿Por qué no podría contárselo a mamá? ¡Se pondría tan contenta!

—No, tontuela; mejor es ofrecérselos de improviso.

—Tiene usted razón. Pero ya es tarde y debo marcharme. Puede notar mi madre que he estado en el río. Adiós, señor pescador.

—Adiós Caperucita, hasta mañana.

* * *

Caperucita trabajó aquel día más contenta. El gorjeo de sus cantos subía hasta anidar en las madreselvas que tapizaban los viejos muros de la casuca. La viuda, embelesada, escuchaba empapando su alma en la dicha del tesoro.

No sabía la madre el secreto que aleteaba dentro del pecho juvenil, como pajarillo travieso que le hiciese cosquillas.

A la mañana siguiente, Caperucita volvió al río, pero llegó a casa sin los peces.

No obstante, continuaba en su garganta el arrullo de la alegría.

El lobo, el terrible lobo feroz, ya había destilado en su vida la venenosa gota verde de la esperanza.

Sin que lo notase la señora, volvió la chica muchas veces al río. Continuaba vacía la tacita de porcelana que había de guardar los pececillos.

Y los días pasaban, rápidos cual flechas a través de rayos lunares. Y así transcurrió un año.

Caperucita seguía cantando; pero un oído que fuese atento habría notado la tristeza de esas canciones. Además, la niña palidecía.

¿Qué tenía la dulce Caperucita? Ah! estaba enferma de ese terrible mal cuyo verdugo mata martirizando lentamente con sus garras sedosas y finas.

Caperucita amaba…

Y fue una noche, una noche de viento, de oscuridad, de tormenta, cuando la niña aprovechando el sueño de la madre abandonó el hogar, sin un gesto de piedad para ese inmenso dolor que dejaba dormido confiadamente.

El lobo feroz la había hechizado hasta hacerla olvidar los más sagrados sentimientos.

La madre enloqueció de pesar al verse impotente para encontrar el perdido tesoro.


¿Y ella? —me dirán ustedes.— ¿Ella, qué fue de la pobre Caperucita?


Cuentan los pescadores de aquel país, que una tarde, cuando venía el río revuelto, encontraron cerca de unos matorrales el cuerpo de la desdichada.


Estaban desencajadas sus preciosas mejillas, y aún conservaba las manecitas estrechamente unidas en gesto de imploración.


Una gran herida dejaba descubierto el corazón de donde manaba sangre roja, tan roja como sus labios que triunfaron de la muerte en un regio color de rubí.

Desde entonces todas las mujeres llevamos el corazón cubierto por una caperucita roja de nuestra sangre. Porque todas hemos sido heridas por el lobo de ojos brillantes, de gestos graciosos, de palabras melifluas…


FIN



domingo, 5 de mayo de 2024

TAN TARANTAN! MATILDE SALVADOR FOR MOTHER'S DAY

 TAN, TARANTAN! 

Matilde Salvador (Castelló de la Plana)

Quan vindrà Març tornarà l’oroneta;

la Primavera farà poms de flor,

i per dormir a la meva xiqueta

voldré cantar i lliurar-la de por.

Tan, tarantan! dirà la campaneta.

Tan, tarantan! la cançó del meu cor.

Quan vull bressar ma filleta menuda

sols un sospir mou el ritme del bres.

I ella, escoltant la cançó coneguda,

com a capoll dorm al calze d’un bes.

Tan tarantan! que la son benvinguda,

tan tarantan! és perfum sense pes.











domingo, 7 de mayo de 2023

Var är mina fem små grå ullgarnsnystan?




Var är mina fem små grå ullgarnsnystan?



Det var en gång en kvinna som hade fem små barn, så strax efter varandra i ålder att de såg nästan lika små ut alla fem. Hon var en så duktig mamma. Hon klippte sina får och kardade ullen och spann garn av den, och så stickade hon tröjor och mössor och strumpor och vantar åt sina barn av det grå garnet, så att de blev alldeles grå och ulliga från topp till tå. Och varmt och skönt hade de, där de tumlade om i snön som små tomtebissar. 
Alldeles nära stugan var en stor skog och i den ville inte mamman att hennes barn skulle leka, för där bodde en stygg häxa. Därför skulle de hålla sig nära stugan och åka kälke i backen neråt stora landsvägen. De fick inte alls klättra över gärdesgården in i den stora skogen, sa deras mamma.
Men en gång, när barnen var ute och lekte, fick de se att det var ett hål i gärdesgården, och då glömde de alldeles bort att vara lydiga och kröp genom hålet in i skogen för att titta hur där såg ut. 
Oj, vad där var mycket snö! Och rätt som de hoppade och rullade i snödrivorna och hade som allra roligast kom den gamla häxan klivande. Inte viste barnen att det var hon, de trodde att det var en vanlig gammal gumma.
"Nej, men, titta titta, där är ju mina fem små garnnystan!" så häxan.
"Vi är inte dina garnnystan", sa Mats, den äldste, och ställde sig med händerna i sidorna. "Vi är bara mors barn!"
Då gav sig häxan till att skratta.


"Ja visst är ni mina garnnystan", sa hon. "Ni fem är mina garnnystan, se bara!"
Och så pekade hon på dem med sin gamla stav, och genast förvandlades de till fem små grå garnnystan, och så tog hon upp den och stoppade dem i sin påse och gick hem.
När hon kom hem till sin stuga knöt hon upp påsen och lade alla fem garnnystana på bordet. Men då skulle man sett på garnnystana. De till att hoppa och rulla åt alla håll ner från bordet och utåt golvet, för de ville förstås allesamman komma hem till mor. Häxan, hon satt på en stol och bara skrattade.
Häxan hade en grå kissemisse, och han började genast jaga garnnystana. Det blev en lek och en jakt över bord och bänkar, medan häxan slog sig på knäna och skrattade. Men när det hållit på så en stund stoppade hon nystana i påsen igen och knöt till väl, och där fick de ligga stilla i mörkret.
Nu tyckte häxan att hon hittat på något riktigt bra att roa sig med, så nästa morgon, innan hon gick ut, tog hon fram de små nystana igen och lät katten jaga dem, och hon skrattade, så hon måste hålla sig för magen.


Men de stackars nystana var så lagom glada. De var så rädda för kattens vassa tassar, så de for iväg som snurror över golvet.
Till slut hade häxan fått sitt lystmäte, och så stoppade hon nystana i påsen igen och lade den på bordet. Men den här gången glömde hon bort att knyta till påsen ordentligt, och hon glömde också att stänga dörren efter sig, för hon fick så brått ut. Det var några korpar och kråkor i skogen, som kraxade så och förde ett sådant liv att häxan nödvändigt måste dit och se vad som stod på.
De små nystana rullade försiktigt ut ur påsen och hoppade ner på golvet. Som väl var hade häxans gamla grå kissemisse somnat i sin vrå. Han var väl trött efter allt rasandet. Och dörren stod på glänt! De små nystana rullade hastigt över golvet och ut genom dörren och sedan i en virvlande fart genom skogen för att komma hem till mors stuga. Det gick så fort, så fort, du kan inte tänka dig!
Först mötte de en hare. Han blev så rädd, att han tvärstannade och slog en kullerbytta baklänges. Han tyckte precis att det var fem gevärskulor, som kom susande över snön. Men när han inte hörde någon knall, så skuttade han darrande vidare.
Sen mötte de en räv. Han trodde att det var fem små grå råttor kilande med svansarna efter sig, och han skyndade att lägga ifrån sig en orrhöna, som han bar i mun, för han tänkte jaga råttorna. Men när han skulle till att jaga dem, så var de redan försvunna.
Sen mötte de en gumma, som gick och sköt en kälke. Hon tyckte alldeles, att det var fem små grå kissemissar, som sprang i en rad genom skogen, och hon ställde sig att ropa: "Kiss, kiss, kiss!" Men innan hon visste ordet av, så var de sin kos. 
Och de små nystana rullade vidare kvickt, kvickt, och rätt som det var, så rullade de genom hålet i gärdesgården, ut ur skogen, och då blev de förvandlade till barn igen, för utanför skogen räckte inte häxans trollmakt. Och så traskade de in i stugan till mor.
"Var i all världen har ni varit så länge?" så mor. "Egentligen skulle ni sitta i skamvrån allesammans, eftersom ni varit olydiga och gått in i skogen utan lov".


Alla fem barnen bad mor snällt om förlåtelse och sa att de aldrig skulle göra så mer. Och då förlät mor dem och lät dem slippa skamvrån för den här gången.
"Snälla, snälla mor", bad Mats, som var förståndigast av barnen. "Låt oss få varsin garnhärva, så vi kan nysta oss varsitt nystan, innan häxan kommer!"
Och de fick varsin garnhärva och började nysta så fort de kunde, och de hade sina nystan färdiga när häxan bultade på dörren. Då lade de nystana på bordet och kröp hastigt under sängen, alla fem.
Häxan var så ond, så ond. Så snart hon kommit hem och sett att nystana var försvunna, så hade hon givit sig iväg för att leta rätt på dem.
Först mötte hon en hare.
"Har du sett mina fem små grå garnnystan?" brummade häxan.
"Nej, inte garnnystan", sa haren, "bara fem gevärskulor, som kom susande, och jag blev så rädd, så rädd, så aldrig i mitt liv har jag varit så rädd!"
"Vartåt for de?" röt häxan.
"Ditåt, ditåt!" så haren, men han var ännu så yr av skrämsel att han pekade alldeles galet.
Och häxan pulsade iväg genom snön åt det hållet haren pekade, men hon kom bara upp i snår och bråte, och inte ett spår syntes av några nystan. 
Då vände hon om, och nu var hon något till ilsken.
Så mötte hon räven med orrhönan i mun.
"Har du sett mina fem små grå garnnystan?" röt häxan.
"Inte såg jag garnnystana", sa räven, "men fem små möss kilade nyss över snön!"
"Åt vilket håll?" skrek häxan.
"Ditåt!" så räven och pekade åt motsatt håll, för det hade han då satt sig i sinnet, att inte häxan skulle få de där mössen, som han tänkt jaga själv.
Nu bar det av för häxan igen åt galet håll, och till sist råkade hon upp i kärr och träsk och måste vända utan att ha sett ett spår av nystana.
Nu var hon så ond att det riktigt sprakade om henne, och rätt som det var så mötte hon gumman med kälken.
"Har du sett mina fem små grå garnnystan?" skrek häxan.
"Inte såg jag garnnystan", svarade den vänliga lilla gumman. "Men fem små, söta, grå kissemissar sprang här nyss genom skogen".
"Vart tog de vägen?" röt häxan.
"Nog tyckte jag de sprang dit neråt vägen, åt den grå stugan till", sa gumman.
Och häxan iväg över gärdesgården, och så var hon borta vid stugan och bultade på. Inte visste hon att det var barnens mor, som bodde där i stugan, och inte tänkte hon väl heller att nystana blivit förvandlade till barn igen, när de kommit ut ur trollskogen.



Hon var bara så ond, så ond, att hon dunkade på dörren av all sin kraft.
"Vad står på?" så mor och öppnade dörren.
"Har du sett mina fem små grå garnnystan?" ropade häxan, och så stack hon in sin långa näsa och tittade åt alla håll.
"Är de möjligen de här?" sa mor och räckte fram de fem grå ullgarnsnystana.
"Ja, dom är det, dom är det!" sa häxan och räckte fram sina långa, knotiga fingrar för att gripa nystana.
"Ja, du ska få dem på ett villkor", sa mor och höll nystana på ryggen. "Du ska säga: 'När jag får mitt, så må du behålla ditt!'"
"Det kan jag väl säga!" fräste häxan förtretad. "När jag får mitt, så må du gärna behålla ditt", brummade hon, och så sträckte hon ut händerna och fick nystana och stoppade dem i sin påse och begav sig raka vägen hem till sin stuga.
Och barnen? De kröp fram under sängen och de var så glada att de dansade runt, runt sin snälla mamma.
Men när häxan kom hem, så tog hon genast nystana ur påsen och lade dem på bordet. "Seså, hoppa nu!" sa hon. För hon längtade riktigt att få sig en skrattstund ovanpå all ilska.
Men nystana, de låg där de låg.
"Hör ni inte, att ni ska hoppa!" skrek häxan och puffade till dem, så att de ramlade på golvet. Och där stannade de.
Då tussade hon katten på dem, men katten tröttnade snart, för han var för gammal att vilja leka med nystan som varken hoppade eller snurrade.
Då begrep häxan plötsligt att hon blivit lurad, och vid den upptäckten blev hon så utom sig av ilska, att hon sprack.
Och det var då för väl, ty nu kan vem som helst gå i den vackra skogen utan att behöva vara rädd för att bli förtrollad av en stygg, gammal häxa.






SLUTET GOTT, ALLTING GOTT.






domingo, 1 de mayo de 2022

La Madre Loca - para todas las mamás

 La Madre Loca

😊😜👩‍👧
Hace mucho tiempo, vivían en una aldea dos mujeres jóvenes que no habían tenido la suerte de tener hijos.
En el pueblo, había un dicho según el cual "Una mujer sin descendencia era una fuente de desgracias para la aldea".
Así que las dos mujeres decidieron alejarse para no castigar al pueblo entero por no tener hijos y construyeron su casa en las afueras.
Un día, una anciana golpeó a su puerta para pedir algún tipo de alimento. Las mujeres la recibieron con mucha amabilidad, le dieron comida y algo de ropa para vestirse. Después de comer y extrañada por el silencio y la ausencia de voces infantiles, la anciana les preguntó:
-"¿Dónde están sus hijos?"
-"Nosotras no tenemos hijos, no podemos ... Por eso; para no causar desgracias en la aldea nos vinimos a vivir aquí ... Nos pasamos el día entero alejadas del pueblo".
Al escuchar esto, les dice la señora:
-"Yo tengo una medicina para tener hijos; pero después de haber dado a luz, la madre se vuelve un poco loca".
Una de la mujeres le contestó que aunque enfermase ella sería feliz por haber dejado un niño o una niña en la tierra. En cambio, la segunda le dijo que no quería enloquecer por tener descendencia a cambio. Entonces ella le dio la medicina sólo a la que se lo pidió.
Después, algunos años más tarde la anciana regresó al pueblo y se encontró a las dos jóvenes.
La que no había tomado su medicina le dijo:
-"Tú nos dijiste que quién tomara la medicina se volvería loca, pero mi hermana la tomó, tuvo una hija y no enfermó".
La anciana le respondió:
-"Volverse loca no quiere decir que se convertiría en una persona que anduviera rasgándose las ropas o que pasara todo el día mirando a las nubes como si paseara por el aire; lo que yo quise decir es que una mujer que da a luz un niño o una niña estará obligada a:
Reír sin parar, gritar todo el tiempo, llorar de pena pero también de alegría, corregir, dejar de dormir, guiar, educar, dar sin pedir nada a cambio, entender lo imposible, compartir lo mucho o poco que tiene, estar preocupada todo el tiempo, jugar, dejar de lado todo por alguien, pero sobre todo, amar incondicionalmente … Eso es el ser madre y volverse un poquito loca".




Lisant un conte,
Jacques-Joseph Tissot ❤

domingo, 2 de mayo de 2021

besitos para el 2 de mayo (fête des mamans)



Besos maternales

(+18)
A mamá siempre le gustó besarme y a mí siempre me gustó que lo hiciera.

Siempre nos dábamos besitos tiernos en la punta de la nariz o los labios. Se sentía agradable y cálido, sus labios eran suaves y delicados. Me encantaban.

Nuestra relación era normal e inofensiva hasta que un día, ella notó una reacción distinta en mí y se sintió tentada para hacer algo más. Me aseguró que se sentiría muy bien si juntabamos nuestras lenguas.

Ella sacó su lengua y yo hice lo mismo, nos acercamos y rozamos las puntas una con otra. El contacto húmedo y extraño me pareció raro al principio, me causó algo de cosquillas también. Me preguntó que sentía y le expliqué, lo repetimos unas cuantas veces y le dije que sentía cosquillas en mi bajo vientre. Era excitación sin dudas.

Seguimos con los besos así, luego ella se entusiasmó y me besaba diferente, iniciabamos con besos de piquito, luego ella me pedía que abriera la boca. Primero mordisqueba despacio mi labio inferior y luego introducía su lengua en mi boca. Presionaba así sus labios contra los míos pero antes me indicaba cómo proceder. Entonces yo movía mi lengua y sentía la suya como enrollándose con la mía.

Los besos que nos dábamos ahora eran más intensos y menos inocentes, ella solía acariciar mis muslos cuando me besaba luego comenzó a meter sus manos bajo mi blusa, tocando mis pequeños senos. Sus dedos pasaban por mis pezones, los acariciaba y a veces los apretaba o los pellizcaba despacio. Cuando hacía eso, yo sentía más cosquillas pero ahora parecían ser más intensas entre mis piernas.

Ella entonces decidió ir mucho más allá. Siempre me decía todo lo que haría y yo asentía porque me gustaba. Pero esa vez me quitó la blusa y luego de besarme la boca, bajó un poco y lamió mis pezones, uno y después otro. Al ver que me gustaba, los succionó.

Un rato después, sus manos iban separando mis piernas y sus dedos tocando sobre mi short, moviéndose lentamente y presionando. Le informé que tenía como ganas de orinar pero no era eso, lo supo cuando removio un poco mi short y su mano ingresó a mi ropa interior. Sentí sus dedos en mi intimidad, la cual estaba muy mojada.

Ella indicó que me sacara entonces el resto de la ropa y yo obedecí. Cuando lo hizo, me dijo que me recostara en la cama con las piernas abiertas. Al seguir sus órdenes, ella se acercó a besarme, luego volvió a chupar mis pezones. Siguió besando cuesta abajo hasta que sentí su boca cerca de mi sexo. Me encantó la sensación, me sentía ansiosa y muy caliente.

Entonces quise más, mucho más. Yo misma elevé un tanto mi cadera para hacerle saber y ella con la punta de su lengua rozó un poquito mi clítoris; reí un poco y me removí extasiada ante tan increíble y excitante contacto.

"Hazlo otra vez, mami..."

Le pedí casi suplicando y enseguida su experta boca empezó a besar mi coñito de arriba hacia abajo, separó los labios mayores y su lengua recorrió los pliegues hasta deslizarse a mi vagina. La introdujo ahí y la movió, dejándola húmeda con su saliva, penetrando con la lengua una y otra vez, metiéndola y quitándola mientras sostenía mis caderas, que yo intentaba mecer en círculos.

Ella se detuvo a preguntarme si me estaba gustando lo que hacía. La verdad me fascinaba, se sentía rico y placentero; entonces continuó. Ahora daba profundos y apasionados besos de lengua a mi conchita que emanaba fluidos dulzones en gran cantidad.

"¡Mami! Creo que voy a hacerme pis, tengo que ir al baño ya..."

Advertí, pero no era eso. Era un inminente orgasmo, el primero que ella me provocaba comiéndome el coñito. En el momento que sus carnosos labios succionaron mi ya hinchado clítoris, me vine sin poder ya contenerme.

"Eres tan sabrosa, amor"

Dijo ella, tenía la boca brillante después de tanto chuparme la conchita. Volví a sentir su boca ahí mismo, su lengua en mi vagina extrayendo mis líquidos y tragandolos. Desde esa vez, mami lo hace a diario y a mí me gusta muchísimo. Ella dijo que pronto invitaría a mi tía con nosotras y que entre las dos me darían muchos besitos así.


Lisant un conte,
Jacques-Joseph Tissot ❤


domingo, 3 de mayo de 2020

Para mi hija que ha crecido







"Entro en tu dormitorio en silencio para no despertarte. Me apoyo un instante contra la pared, entre posters, espejos y mil recuerdos. Y cierro los ojos. Mi niñita que ha dejarlo de serlo. Mi adolescente de ayer que se asoma temblorosa y desafiante a la adultez. Cariñosa, demandante, frágil, tierna, romántica, a veces te llevas el mundo por delante y otras corres a refugiarte en mis brazos como un gatito perdido. Mi hija queridísima que ha crecido."

ASI EMPIEZA ESTE LIBRO, EN EL QUE UNA MADRE LE DICE A SU HIJA TODO LO QUE SIENTE Y DESEA PARA ELLA AHORA, QUE EMPIEZA SU VIAJE POR LA VIDA. UN LIBRO LLENO DE TERNURA, EMOCIÓN Y PROFUNDIDAD. UN LIBRO DE TODAS LAS MADRES PARA TODAS LAS HIJAS EN ESA ETAPA TAN IMPORTANTE.










https://www.wattpad.com/174671885-%E2%80%A2para-mi-hija-que-ha-crecido%E2%80%A2-i
https://www.wattpad.com/174680328-%E2%80%A2para-mi-hija-que-ha-crecido%E2%80%A2
https://www.wattpad.com/174742591-%E2%80%A2para-mi-hija-que-ha-crecido%E2%80%A2
https://www.wattpad.com/174866287-%E2%80%A2para-mi-hija-que-ha-crecido%E2%80%A2
https://www.wattpad.com/241712869-%E2%80%A2para-mi-hija-que-ha-crecido%E2%80%A2

(tal vez copiar por mail?)

domingo, 5 de mayo de 2019

Entre madre e hija - CARMEN AMORAGA

Entre madre e hija

Pensaba que estaba dormida y entraba en su cuarto y se sentaba en la orilla de su cama muy despacio, sin hacer ruido, y le apartaba un mechón del flequillo de la frente y la miraba con dulzura infinita y no tardaba mucho en echarse a llorar.
María José, de la dulzura, no podía verlo porque se hacía la dormida. Al principio, porque no quería que su madre la riñera (otra vez) por estar despierta a esas horas, pero luego mantenía los ojos cerrados y se esforzaba en que su respiración pareciese tan tranquila como si estuviese teniendo un sueño bonito porque quería sentir la mano de su madre acariciándole la frente, o la espalda, o el costado, como si ése fuera el único momento de paz que tenía ese día. María José, se moría de ganas de darle un abrazo, de apoyar la cabeza en el hombro de ella, de decirle mamá, no me riñas tanto o, mejor, no me riñas más, pero se quedaba quieta incluso cuando su madre lloraba porque le daba miedo deshacer ese instante mágico e irrepetible en el que su madre parecía quererla más que a nada en este mundo, y porque algo en su interior le decía que esas lágrimas eran distintas de las otras que vertía el resto del día, tal vez más alegres. También en eso tenía razón.
En la cama, Pilar murmuraba. María José no llegaba a entenderla, pero le parecía que eran palabras bonitas. Lo eran. Le decía que era la más guapa, la alegría de su vida, lo mejor que había hecho. Le pedía perdón por no ser una buena madre, por pagar también con ella su frustración, por no ser capaz de olvidarlo todo y ser una mujer mejor, más feliz. Le prometía que mañana sería diferente, que trataría de sonreír más y de apreciar más las sonrisas de ella. Le contaba que no tenía la culpa de ser tan desgraciada, que algo en su interior la obligaba a estar todo el tiempo enfadada con el mundo. Le suplicaba que no fuese nunca como ella. Le recitaba sus partes favoritas de la oración, ¿verdad que estaremos siempre juntos?, porque también ella la quería con todo su corazón. Tampoco de eso se tomaron fotos.
Sí las hubo, fotos, de María José entre sus padres en un jardín, de María José en la fila con los otros comuniantes, de María José recibiendo el cuerpo de Cristo, de María José sentada a la mesa del convite con una servilleta anudada al cuello para que no se manchase la vainica del vestido, de María José dándole un beso a su padre, de María José dándole un beso a su madre, de María José repartiendo puros entre los invitados con su padre, de María José recogiendo regalos, de María José bailando un rock con su padre, de Pilar hablando con Paco con un gesto inequívoco de enfado, y de Paco agachando la cabeza en un inequívoco gesto de sumisión. Segundos después de esa instantánea, María José se acercó a sus padres y les dijo va, no os enfadéis hoy, que es mi comunión...

CARMEN AMORAGA, El tiempo mientras tanto.

Las madres muertas - GUSTAVO MARTÍN GARZO

Las madres muertas

Nada podía separar a una madre de su hijo, al menos mientras éste era un bebé. Terremotos, inundaciones, terribles injusticias, podían irrumpir en ese jardín cerrado que era su amor, desbaratando su orden de claridad y de pañales perfumados, pero ellas siempre estaban dispuestas a empezar otra vez. Ni siquiera la muerte conseguía separarlas de ellos. Porque sucedía a veces que una madre moría siendo su niño aún bebé. Era una situación que entristecía a todos los que vivían alrededor ese niño, haciéndoles pensar que sería para siempre un desgraciado. Pero tampoco entonces los abandonaban sus madres muertas. Nadie se daba cuenta, pero ellas seguían viniendo a verlos. Lo hacían cuando todos dormían. Volvían a sus casas y, como tantas veces habían hecho en vida, recorrían el camino que las llevaba al cuarto de sus niños. No podían hacer nada por ellos, ni siquiera el gesto mínimo de cubrirles con las mantas si acaso se habían destapado, pues las muertas no tienen poder alguno sobre las cosas reales pero los contemplaban largamente. Y no había en el mundo nada comparable a esa mirada, que era la mirada de quien sabía que ya no regresaría nunca. Muchas madres intuían esto, y de pronto miraban a sus hijitos con los ojos de las que ya no estaban en el mundo. El dolor que sentían entonces era muy intenso, pues les parecía que nunca más podrían tocarlos ni tenerlos en sus brazos, pero también su placer, pues nunca sus bebés eran más radiantes y hermosos que contemplados desde esos ojos que nada podían, pues la belleza tiene que ver siempre con lo que no pertenece a nadie ni se puede guardar.

GUSTAVO MARTÍN GARZO, Todas las madres del mundo.


MERCEDES SALISACHS - THE GOOD MUM AND THE BAD MUM





MERCEDES SALISACHS - THE GOOD MUM AND THE BAD MUM
Translated by Sandra Dermark
illustrated by Jesús Gabán




THE GOOD MUM AND THE BAD MUM




Zoe was a little disobedient, somewhat mouthy, and prone to look before she leapt. And, in spite of being a kind-hearted little girl, whenever her mother set her right, she got cross with her.
"You're a bad mum," she pouted.
On the other hand, Chloe, Zoe's best bosom friend, assured that her mother was very good, because, whatever Chloe did, she never scolded her daughter.
"I always do as I please," she confided in Zoe. "She doesn't even care if I watch the shows that we kids are not allowed to watch. If I make fun of Grandpapa with his limp and begin to walk like him, she laughs with me; and so forth.
And, upon hearing her friend speak about her mother with such elation, Zoe turned green with envy.
"Wish my mum were just like yours," she told her.
However, sometimes Zoe's mum was good as well, especially when her daughter fell ill; she never left Zoe's bedside, and, if Zoe told her so, she told her fairytales and, time after time, she kissed her daughter's forehead to check if her temperature had risen.



Of course she was good as well when she tucked Zoe into bed and sang lullabies to her and reassured her that she would not leave her alone, because her guardian angel kept her company and watched over her sleep until the break of day.

The years went by. Zoe's mother, upon surveying her daughter's wardrobe, realised that the girl had grown too big for most of her clothes. And, since Christmas was right around the corner, she decided to renew it and give away Zoe's dresses to charity.
But when Zoe found out what her mother had done, she was furious.
"How dare you give my clothes away!?"
"They didn't fit anymore," her mum replied. "You've grown too big for them."
"That's what you believe, but I used them as well!"



"How dare you wear a skirt that reaches halfway down your thighs?"
However, Zoe would not back down:
"But Mum... nowadays long skirts are out! What's in are miniskirts. And, when it comes to trousers, if you lengthen the legs a bit, they would be trousers in fashion, because the waist nowadays isn't at the waist, but down in the hips, which means, you have to show some midriff."
Her mother frowned in anger and did not let her daughter keep on rambling.
"Stop this, Zoe. I cannot tolerate that a daughter of mine should be so obtuse. Have you realised how old you are?" At eleven, you are still a little girl, still a child too young to think of so stupid fashion..."
Of course, that day Zoe's mum became a bad mum once more.



Nevertheless, whenever Zoe came home from school and settled down in her room to do the homework du jour, if her mother didn't help her, she felt herself unable to carry on. Everything was difficult. Nothing that Zoe wrote down ever matched what was explained in the textbooks. And then, in spite of how much it bothered her to ask her mother, a teacher at her school, for help and yield to her, she always asked for a helping hand:
"Please, Mum. If you don't help me do this homework, I won't be able to make head or tail out of it..."
And Zoe's mum, even if she was frightfully busy, would leave everything else to help her daughter.
Hours and more hours passed while the two of them mulled over the questions that were demanded at school.
"Don't worry, my girl," the mother told her daughter. "If we have any doubts, we'll look it up in the encyclopedia."
And Zoe felt tranquil once more. The truth was that, in those moments, she did not remember that her mum was a bad one.


On the other hand, Chloe never even addressed her mother to help her with the homework, because her mum was rarely at home when she came from school and for other reasons as well. Besides, from as far as she could tell, she had heard her mother said that studying was not a thing for women.
"That thing with racking one's brains while cramming over those textbooks is for men only," she reassured her daughter.
And she added that, in her own childhood, she did not study either.
"And, you see, life has not gone so badly for me. We women were born to please our husbands, make ourselves look good, and follow the latest fashion."
She also assured that, when the time came for her to go to school, she could not have felt worse.
"I didn't like to study, and besides, the teachers were all so dull... So don't worry, dear. Put a smile on your face and face the time, for the time heals all wounds."
And Chloe, since her mother was so good, thought that if she advised her not to study, that was for a good reason, and that the best thing she could do was leaving her textbooks for later on, for when exam season grew closer.

Exam season did not delay that year, and, since Chloe kept on with her textbooks gathering dust in a corner, her results were disastrous. All the subjects she tackled were worthy of zeroes as grades.
Yet, far from admitting that she had not studied and that flunking was normal for her, being so lazy, upon seeing the grades she had attained, she got furious with the teachers and called them cruel because, ever since she had started school, each and every teacher had grown to "hate" her.
"I was sure I would fail every test," she told her mother. "I always knew the teachers were cross with me."
And her mum, who was so good and could not bear the thought of her daughter suffering due to harsh injustice on the teachers' side, supported her and told her she was right:
"All we need is to complain to the headmaster."
And the fact is that her mother was used herself, as well, to complaining, to recriminations, and to wear her broken heart upon her sleeve whenever anyone had the boldness to do wrong unto her daughter.
"Don't you worry, Chloe dear; tomorrow morning I will go see the headmaster and give him a piece of my mind. I will never forgive that; how dare they value your efforts with zero grades?"
But, since she was always so busy, she never found the time to confront the headmaster.
The worst came when both of them got to know that Zoe had got the highest scores there could be, passing all her tests with flying colours.
"I don't really understand how you can be friends with such a disturbance as Zoe is," Chloe's mum told her. "Surely her teacher mother has been pulling some strings to have her precious little pet attaining such inhumanly high scores."
Yet Chloe was not quite convinced of what her mother was insinuating.
"You're wrong. Zoe's mum doesn't love her daughter. That's what she says. It seems that her mum is always scolding her, and, to add insult to injury, she even gives away their clothes to charity, without asking for her girl's consent. Besides, everything that Zoe does always seems to be wrong to her. That's why I think she's incapable of doing anything good for my friend's sake." 



"Then, how is it possible that Zoe, with a mother like that, has aced all your tests with flying colours?"
And, since Zoe lacked valid arguments to justify her own laziness, she came to openly criticise her best friend:
"Zoe is quite twisted, Mum. A real schemer. Whenever she has the chance, she spends her time flattering the teachers, so that they regard her as a top-notch student."
"Then, dear, why don't you do the same as she? The result could not have been better..."
"'Cause I don't like being a flatterer like Zoe. I want to be as honest as you, my dear mum, are. And honest means telling truths and being a good girl, like you once were and always will be.
And, as soon as Zoe had finished speaking, her mother embraced her, kissed her on both cheeks, and gave her all her thanks.

But time went by and, as Zoe aced all subjects in each and every year, Chloe was left behind because she never scored high enough on any subject. Of course the two of them were no longer studying in the same classroom, nor took part in the same classes with the same teachers.
And when the weekends came, they tried both to regain the friendly trust that had always kept them united. Both Chloe and Zoe had to make a great effort to reach one another, since the distance between them was now a considerable one.
It was then that Zoe began making other friends and going out with them, while Chloe still frequented the same places as ever.
On the dark side this meant that sometimes, without even meaning to, when the two friends met in one and the same of their common places, Zoe confronted Chloe and ranted about how care she skip grades forwards, when she was always repeating the same grade.
"If you were a true good friend, you would have flunked some tests, so that both of us would still carry on together!"




But Zoe, who was not stupid and no one's fool, replied with a certain sharp edge to her voice:
"And, if you hadn't been so lazy, you would have studied more, to avoid failing all those tests!"
And then, both of them realised that their friendship with one another had vanished without a trace.
However, the catalyst that caused the final separation between the two girl friends occurred whein, one year for Christmas, Zoe's mother gave her daughter a silver casket with a message inside it, as long as the girl would keep it for always.
"This is a secret for you to be happy," Mum said with a smile while she handed over the gift.
So Zoe opened the casket and she found a message that said exactly the following: "DO NOT BE PROUD LEST YOU BECOME IGNORANT, AND DO NOT BE IGNORANT LEST YOU BECOME PROUD."
And, ever since, she knew that her mother had not only never been a bad one, but also that the goodness concealed beneath that alleged badness outdid by far the greatest goodnesses in this world.