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miércoles, 19 de noviembre de 2025

MÁS CUENTOS DE ANIMALES (SUSAETA)


LA LLUVIA Y EL BUEN TIEMPO

Tres ranitas verdes y tres gatitos van a la misma escuela. Como todos viven en la misma calle, hacen el camino juntos. Son buenos amigos, pero siempre están discutiendo.
¿Sabéis la causa de que se lleven tan mal? ¡La lluvia, por un lado, y el buen tiempo, por otro!
Los días de lluvia, las ranas, en su líquido elemento, chapotean en medio de los charcos, saltando y riendo a más y mejor, mientras los tres gatitos, cobijados bajo el mismo paraguas, enfundados en impermeables y calzados con katiuskas, suspiran:
---¡Maldita lluvia!
En cambio, los días que hace sol las sedientas ranas gimen de despecho.
---¡Qué calor! ---exclaman---. ¡Esto no hay quien lo aguante!
Los tres gatitos, por el contrario, ronronean de gusto.
Como veis, gatitos y ranitas nunca estaban de acuerdo.
Únicamente cuando hacía un tiempo gris, de intervalos nubosos, sin lluvia ni calor, permanecían juntos, sin disputar. Las ranitas echaban de menos la lluvia, pero al menos no lucía el ardiente sol. Los gatitos se acordaban del astro rey y de sus rayos acariciadores, pero al menos no caía la antipática lluvia.
En estos días grises, ranitas y gatitos caminaban juntos como buenos amigos, llegando a clase los seis cogidos de la mano.


ADIVINANZA

Si el sol brilla,
me quedo en casita,
en mi camita.

Si está nublado,
¡marchen, un, dos, tres!,
de mi concha salgo.

Me gustan la lluvia,
el viento
y el cielo gris...

Adivina,
adivinanza,
¿quién soy?

---¿Un caracol?
---¡Eso es! ¡Bravo!

EL MININO

¿Qué hace el gatito con las tijeras de su papá y un gran rollo de papel azul? Está forrando las cubiertas de sus libros de lectura y de sus cuadernos para que no se manchen.
¿Qué hace el minino con un paquete de etiquetas y un gran lápiz rojo? Está marcando su cartera y su caja de pinturas para que no se extravíen.


UN ZAPATO MUY PEQUEÑO

Es hora de ir a clase. Mamá gata acaba de arreglar a su gatito. Sólo queda ponerle los zapatos. ¡Hop!, mamá gata le pone el zapato derecho, y rápidamente quiere ponerle el izquierdo, pero ¡la pata de su gatito no entra!
---¡Vaya! ---dice la gata tratando nuevamente de ponerle el zapato---. ¡Es imposible!
La zarpa se tuerce, se pliega, se encorva, pero sólo entra la mitad en el zapato. Mamá gata no comprende por qué. La pata de su hijo no ha podido crecer tanto en una noche. No, ¡es increíble! Y además, sólo la pata izquierda. Será el zapato que ha encogido; no, ¡es igual que el otro! Dudando, mamá gata mete su pata delantera en el zapato. Y ¿adivináis lo que ha encontrado? ¡Una pequeña pelota de goma, la pelotita de su gatito!


LA COMBA

Para calentaros, gatitos,
dice la gata a sus hijitos,
nada veréis que es mejor
que jugar sin parar a la comba.



CUANDO UN CIEMPIÉS COMPRA ZAPATOS

Son las tres de la tarde. Minuchette, la vendedora de zapatos, está adormecida detrás de la caja registradora. 
De repente, ¡diling! ¡diling!, la puerta del establecimiento se abre sacudiendo la campanilla, que despierta a la gran gata. Minuchette se frota los ojos y ¡ve entrar en su tienda a un interminable ciempiés!
---¿Qué desea? ---pregunta con voz soñolienta, alisándose su vestido.
---Querría unos zapatos ---responde el ciempiés.
Comprendiendo que se trata de un pedido serio, Minuchette se despierta rápidamente, salta de su silla y empieza a sacar docenas de pares de zapatos, docenas y docenas de cajas. Toda la tienda desaparece bajo los papeles, mientras que se alzan aquí y allá pirámides de cajas entreabiertas.
Minuchette no sabe dónde tiene la cabeza: se preocupa, se inquieta.
---Será necesario que le venda pares de modelos diferentes, porque no tengo suficientes de un solo tipo.
---No importa, ¡resultará más fantasioso!
Realmente es un cliente muy gentil, conciliador, lleno de paciencia, no pone ningún obstáculo... y, cuando dos horas más tarde, está completamente calzado de zapatos diferentes, multicolores, se va contento, encantado, prometiendo volver.
Como todas las suelas son nuevas, se deslizan un poco, y nuestro ciempiés resbala, vacila, derrapa: parece que esté bailando.
---¡Vaya día! ---murmura Minuchette, secándose la frente con un pañuelo. Completamente agotada, se deja caer en medio de las cajas vacías. Pero apenas lleva cinco minutos sentada, se levanta, corre a la caja registradora, toma una hoja de papel y escribe estas palabras: CERRADO POR 8 DÍAS. Sale, pega el pequeño cartel en el cristal del escaparate, vuelve a entrar, cierra su puerta con llave, baja las cortinas y grita:
---Puesto que no me queda ni un solo zapato en toda la tienda, voy a tomarme una semana y un día de vacaciones.

SI YO FUERA CARACOL...

Si yo fuera caracol,
para marchar más deprisa,
¡tomaría siempre el Metro!


EL DESPERTAR DE MINUCHETTE

¡Rrinnngggg! ¡El despertador suena!
---Minuchette, querida, es hora de levantarse. Debes ir a trabajar.
 Pero tras la ventana está cayendo una lluvia muy fría. La gata gruñe, ronronea, se adormece, acurrucada bajo su almohada. ¡Mediodía y el sol luce! Minuchette sale de la cama, bosteza, se estira y sonríe.
"Ya es tarde, ¡qué más da!"



 VIENTO DE LUNA

Había una vez en un bosque de abetos una ardilla muy fantástica. Tenía mucha imaginación y se divertía con todo. Jugaba con las piñas, andaba a reculones sobre las ramas, se levantaba de noche para parlotear con el búho real y deambulaba como sonámbula las noches de luna llena.
---Es una excéntrica ---decían las otras ardillas del bosque.
Pero la pequeña ardilla todavía les reservaba otra sorpresa. Una noche de luna llena, las despertó una música de baile, mientras una aguda voz entonaba esta incomprensible canción:

Desde hoy yo me llamo,
desde hoy yo soy
Viento de Luna,
¡Viento de Luna!

El concierto parecía venir de la pradera. En pijama, en camisón, las ardillas se dirigieron allá. En medio de la pradera estaba la pequeña ardilla fantástica, envuelta en extravagantes collares de enredaderas y campánulas, tocando ardorosamente la guitarra y cantando:

Desde hoy yo me llamo,
desde hoy yo soy
Viento de Luna,
¡Viento de Luna!

Las demás ardillas comentaban:
---Es la luna llena la que la vuelve sonámbula. Vamos a despertarla, cesará con su música loca.
Pero la pequeña ardilla f

POLVOS DE LA COMADRE CELESTINA

Conejito, ¿qué llevas en ese gran saco? ¿Tomillo, romero o trébol blanco?
---Ni lo uno ni lo otro ---responde Juanito el Conejo---. ¡Llevo polvos de la comadre Celestina!


MADEMOISELLE FRICADELLE

Mademoiselle Fricadelle ha hecho un largo viaje. Mademoiselle Fricadelle no tiene ni maleta ni equipaje. Mademoiselle Fricadelle viene de un país de sol. Mademoiselle Fricadelle llega a la torre Eiffel. Pero, ¿quién es esta señorita? Es una bella golondrina.



EL GATITO QUE SE MORDÍA LAS UÑAS...

Érase una vez un gatito muy travieso que se mordía las uñas durante todo el día. Su mamá estaba muy enfadada, pero a pesar de las regañinas y castigos, el gatito no cesaba de morder sus uñas.
Cansada de regañarle sin conseguir resultados positivos, la madre intenta conquistar con halagos a su pequeño:
---Si dejas tranquilas tus patitas ---le dice--- tendrás una grata sorpresa.
Y le promete bombones y maravillosos juguetes... Pero no había nada que hacer, el gatito era muy testarudo y continuó mordisqueando lo que quedaba de sus uñas. Mamá gata le puso en las patas guantes de tela gruesa, pero el pillo, a mordiscos, consigue romperlos y vuelve a comerse las uñas. La pobre mamá vuelve entonces a poner en las zarpas de su gatito una crema muy amarga. Tiempo perdido, el golfillo la encuentra muy de su agrado.
Las semanas pasan: la primavera ha llegado. Los árboles se cubren de bonitas hojas, por todas partes los pajarillos parlotean. Nuestro minino va muy a menudo a jugar con los tres gatitos de la vecindad. Una buena mañana, uno de ellos decide trepar a un pino. Con sus uñas se engancha al tronco, que escala hasta lo más alto. Después, como un acróbata, salta de rama en rama. A grandes gritos, los pajarillos, espantados, levantan el vuelo. Los otros dos gatitos se han dado prisa a reunirse con su hermano en el árbol; a su vez, nuestro minino travieso quiere seguirles. Pero cuidado, cuidado, es muy extraño lo que ocurre: cada vez que se lanza al árbol para escalar, se escurre hacia atrás y cae sobre su cola como si tuviera jabón en las patas. Él se obstina y patalea, se agita y contorsiona en todos los sentidos. Nuestro gatito, a pesar de todo, se queda despechado al pie del árbol.
---Verdaderamente, tú no eres muy listo ---le gritan sus amigos.
Mamá gata, que ha asistido desde lejos a este tumulto, se acerca y le dice a su hijo:
---¿Ves? Si no te hubieras mordido las uñas, también podrías trepar hasta lo alto ---y añade levantando gravemente la cabeza ---Hay que escuchar siempre a mamá.
El gatito, herido en su orgullo, corre a esconderse tras un pajar. Allí, estad seguros, no tiene ningunas ganas de morderse las uñas sino todo lo contrario, después de esta desventura jamás volverá a mordisquear sus patitas.
Un mes más tarde ya sabía subirse a los árboles, y al final del verano se había convertido en todo un campeón de la escalada. Subía mejor que todos los gatitos de los alrededores, hasta el extremo de que en lo sucesivo se le llamó el pequeño acróbata.



LA RAMITA DE PEREJIL

Ha pasado una nube. Se escapan tres gotas de lluvia. "¡Qué tristeza! ---gime la mariquita!---. Mi traje tan bonito, de seda y puntillas, se va a estropear, mojar, arrugar y hacer trizas. ¡Qué pena!
Reflexiona un segundo... y después, rápidamente, a modo de paraguas, corta una ramita de perejil.


LA TORTUGA COMPRADORA DE CUERDAS

---¿Tienen cuerdas? ---pregunta al señor castor una pequeña tortuga, muy segura de lo que quiere.
El tendero desaparece tras el mostrador, entre los plumeros, escobas y escobones que llenan su tienda. Abre varios cajones, que estaban cerrados con llave, y al fin saca una caja de cuerdas, de las que escoge una madeja blanca.
---Es demasiado fina ---dice la tortuga.
El señor castor vuelve a buscar y revuelve en el cajón: esta vez trae una cuerda de un color oscuro.
---¡Pero no tengo bastantes! ---dice la tortuga.
El señor castor va a la trastienda y, gruñendo y protestando, se dirige a una caja medio cerrada donde tenía su reserva de grandes cuerdas. Regresa con las patas llenas de una treintena de rollos.
---Esto es todo lo que tengo.
La tortuga examina el montón de cuerdas, calcula en voz baja, reflexiona, levanta la cabeza y dice con su vocecita, muy seria:
---Creo que esto será suficiente... sí, será suficiente.
El castor tendero está asustado.
---Pero, ¿se lo va a llevar todo? ---balbucea.
---Sí ---responde la tortuga, que sin tardar mete los ovillos uno sobre otro en su cesto de provisiones. Saca su monedero, paga su compra y se va con pasos apresurados.
El señor castor levanta las cejas con precaución, observando su marcha. "¿Qué pensará hacer la tortuga con todas esas cuerdas?" Se rasca el mentón, levanta los hombros y desciende las escaleras de la trastienda para ponerla en orden, sin pensar en otra cosa.
Pasaron tres días. El señor castor había olvidado completamente a su cliente tan excéntrica. Estaba barriendo la acera delante de su casa cuando de pronto vio a la tortuga bajo una montaña de cosas. Al verla transportar todo lo que llevaba sobre su espalda, el señor castor se extrañó tanto que dejó la escoba y se plantó con los ojos y la boca abiertos.
¿Sabéis que era lo que la tortuga llevaba bien atado sobre su caparazón? Un colchón plegado, dos almohadas y una cesta de pícnic de mimbre, tres cacerolas metidas unas dentro de otras, una red llena de zanahorias, nabos y perejil, un edredón de flores, un pequeño candelabro, un aparatoso reloj despertador y un parasol de rayas azules y blancas. Al pasar ante el señor castor, la tortuga le guiña un ojo y le grita:
---Su cuerda es de buena calidad, no me ha costado ningún trabajo atar todo mi equipaje.
---B-bien, me al-legro mucho ---tartamudea el tendero, que se repone poco a poco de la sorpresa---. Por lo que se ve, usted se muda, ¿o no?
---No, de ninguna manera ---responde la tortuga---, me voy de vacaciones a la playa. Pero como no me gusta cargar con las maletas, que me producen ampollas y callos en las patas, llevo mi equipaje a cuestas, para mí es mucho más cómodo. ¡Adiós, señor castor!
Y la tortuga se aleja canturreando una cancioncilla.



MEDIODÍA

Es mediodía en el huerto...
La oruga,
en la lechuga,
se estira.

El caracol,
de paseo al sol,
grita: "¡Hola!"

Los mosquitos,
por miriadas,
tocan su música.

Es mediodía en el huerto...


ADELINA, LA SARDINA

Adelina, la sardina, es una pillina. Para huir de los bancos de atunes, esos terribles glotones, toma el hidroavión. Para encantar a las medusas, toca con astucia una cornamusa. Tiene unos anteojos para espiar las fiestas de sus vecinas las gambas. Para engañar a las merluzas se pone la máscara de un arlequín fantástico. Si la tempestad estalla, prudentemente se pone el salvavidas. Si se aburre, hace punto de tricotar. Su casa incluso tiene teléfono, que funciona y suena. Lo ha fabricado ella misma y ha sido idea suya. Adelina, la sardina, es una pillina.


LA FAMILIA MARISCO

Conozco a una familia muy simpática: es la familia Marisco, la componen el padre, la madre y los siete hijitos. El señor y la señora Marisco montan en bicicleta sobre un magnífico tándem amarillo: en la parte delantera brilla un faro y en la trasera, sobre el portaequipajes, un cesto donde el señor y la señora Marisco instalan a su bebé recién nacido. Los otros seis hijos van en patinete y corren como campeones; se embalan sin ningún miedo por los montículos de arena mientras los pompones de sus gorras saltan a diestra y siniestra.
Unos detrás de otros, en la playa y entre las rocas, padres e hijos pedalean, patinan, se divierten dando vueltas.
Sí, es una familia muy alegre: el bebé incluso aplaude con todas sus ganas desde el fondo de la cesta, ya le gustan la velocidad y el deporte. Se les oye desde lejos, porque cada uno tiene en su aparato un simpático timbre que hacen sonar. Con este ruido acude enseguida toda la vecindad.
Las medusas que sestean en la arena se despiertan y se aproximan. Los cangrejos salen de sus cuevas; para estar en primera fila, las conchillas se precipitan arrastrándose, y si tropiezan se vuelven a levantar con coraje. Las gaviotas bajan para asistir al espectáculo, y algunos peces curiosos, que quieren ver el desfile, saltan de vez en cuando de ola en ola.
Con una mezcla de pedaleos, de patadas, de timbres, de risas y de canciones, la familia Marisco pasa como un tornado. Un momento más tarde, están ya lejos y los espectadores, admirados, regresan a sus quehaceres.




LA FORTALEZA

A Chipolata, la gatita, le encantan la leche, el pescado y también los macarrones. Desgraciadamente, a veces tiene bastante apetito para tragarse, además, una ratita... Llenos de pavor, todos los ratoncitos huyen entonces a la fortaleza.



CLOTILDE Y SUS OCHO TENTÁCULOS

¡Atención! ¡Atención!, aquí vienen Clotilde y sus ocho tentáculos, que entran en la pastelería "La Dulzona".
En seguida, la cajera, una langosta marina con aire importante, pone en su nariz unas gruesas gafas con montura dorada, mientras que las vendedoras, tres gaviotas charlatanas, se callan súbitamente y abriendo, bien redondos, sus pequeños ojos negros, no dejan de mirar a la recién llegada
¡Unos y otros conocen muy bien a la señorita Clotilde! No es fácil encontrar una golosa como ella.
---¡Buenos días! ¡Buenos días! ---continúa la cliente despreocupada, amable y con una magnífica sonrisa.
---¡Buenos días! ---responden la langosta y las tres gaviotas.
---Desearía por favor un helado de limón y una tartita de fresas silvestres.
Las tres gaviotas se apresuran, y en un instante le tienden un cucurucho de helado, una tartita, y la tercera gaviota le pregunta:
---¿Desea usted otra cosa?
---No, es todo por hoy ---dice la señorita Clotilde.
La gaviota hace la cuenta y le entrega a Clotilde la nota.
Pero... ¡qué frescura! Mirad lo que hace al pasar la muy bribona, la comilona la ladrona. Con sus tentáculos libres hurta disimuladamente un bollo de canela, un bizcocho borracho relleno de crema, tres chupetes rojos de gominola, frutas escarchadas, un enorme pastel de chocolate...
Ante tanta audacia, las gaviotas se sofocan de indignación; sólo la langosta conserva la calma. Hay que decir que está acostumbrada, pues cada día Clotilde vuelve a reanudar su jueguecito. Así pues, la langosta, que es una cajera astuta, coge tranquilamente la ficha de su cliente, toma las monedas que Clotilde ha esparcido en la caja y, mirándola por encima de sus gafas, le dice con finura: "Me parece que lleva usted ocultos algunos suplementos..." 
Clotilde enrojece, se pone nerviosa, tiembla, recoge sus tentáculos enrollándolos y por fin vuelve a poner en las bandejas los dulces que había robado; cabizbaja se dirige hacia la puerta.




RONDA DE ARDILLAS

Agarradas al tronco de un árbol, dos ardillas juegan al gato.
---¡Ah, ah, ah! ---dice la ardilla roja---. ¡Voy a por ti!
---¡Eh, eh, eh! ¡Que te crees tú eso! ---responde la ardilla gris.
Un, dos, tres, ya salen. A derecha, a izquierda, hocico contra cola, cola contra hocico, dan vueltas alrededor del tronco. A izquierda, a derecha, garras ágiles, patas rápidas, dan vueltas como un torbellino.
De repente, desde lo alto de la copa de la encina cae una bellota. En un abrir y cerrar de ojos, las dos acróbatas saltan para atraparla. Llegan a la vez, y ¡bum!, se dan en la cabeza un gran golpe, la una contra la otra.
Mientras que, aturdidas, la ardilla roja y la gris se frotan las orejas, llega una tercera, de pelaje castaño, y, sin decir nada, coge la bellota y se va corriendo...



EL JUEGO DEL ESCONDITE

---¡Vamos a jugar al escondite! ---propone la mariposa a un gran moscón de jardín.
---¿Al escondite? ---se extraña el moscón---. Pero, ¿cómo vas a esconder tus grandes alas? Te encontraré al primer vistazo.


El moscón, apenado, se levanta pesadamente y sale de la flor



EL AMANTE DE LA ENSALADA

El conejito ha comido mucho. ¡Estaba tan buena la ensalada de repollo! Su cabeza le da vueltas y el estómago le parece pesado, como si hubiera comido piedras.
---¡Mamá! ---gime con las orejas bajas---. ¡Mamá, me encuentro mal!
La señora coneja le da a su hijito una tisana, le acuesta, le arropa y le canta una cancioncilla.
---¡Ah, ah! ---se queja el conejito---. ¡Jamás volveré a comer ensalada!
Su mamá sonríe sin decir nada. Al día siguiente el conejito está curado.
---¡Ah!, ¡ya me siento mejor! ---dice, estirando las patas.
Y bien, ¿adivináis qué es lo que hace este glotón, este comilón!
Apenas se pone en pie, corre al galope en dirección al huerto para devorar con sus buenos dientes ¡kilos de hojas de repollo!



RENATA, LA RANA

La rana Renata tiene muy buen apetito. Para cenar, el lunes toma unos tallarines. El martes, dos patatas. El miércoles, tres hinojos. El jueves, cuatro rábanos. El viernes, cinco calabazas. El sábado, seis asados. Y un guisote, el domingo a las doce.


HA NEVADO...

Carolina, la gallina, abre sus contraventanas y exclama jubilosa:
---¡Cielos! ¡Si ha nevado! 
Rápidamente revuelve en el armario, en la cómoda, en el sótano, en el granero, y va sacando siete pares de botas, siete toquillas a rayas y siete esclavinas de lana. Sin perder un segundo, Carolina calza y abriga a sus siete pollitos; después se enfunda hasta el pico en su chal, e igual hace con sus hijitos, y... ¡al jardín!
El frío es intenso, pero el sol brilla alegremente, y desde luego nada calienta tanto como una batalla de bolas de nieve.


DOÑA PULPO SE EMBELLECE...

Esta noche hay una gran fiesta en casa de las quisquillas. La señora Pulpo está invitada. Es muy coqueta y quiere resultar la más guapa. Escoge una serie de conchillas redondas y embellece con ellas sus largos tentáculos. Luego pasa toda la tarde acurrucada y sin moverse en el hueco de su roca. Cuando llega la noche se quita los rulos y, ante la ostra nacarada que le sirve de espejo, se peina sus nuevos bucles. Después se pone en lo alto de la cabeza una anémona de mar escarlata y, con una sonrisa en los labios, se va a la fiesta.
---¡Qué peinado tan bonito, y qué bella está usted! ---exclaman las quisquillas con sorpresa---. Doña Pulpo, será usted quien abra el baile con el general Bogavante.
Doña Pulpo se estremece de alegría bajo sus rizos y, entre las pinzas de su caballero, se lanza a las galopadas de una alegre polca.

jueves, 23 de octubre de 2025

LA NIÑA QUE NO SE CONCENTRABA

 ¡HORA DEL CUENTO!

LA NIÑA QUE NO SE CONCENTRABA

(para pensamientos intrusivos)

Juanita se quejaba de que no podía concentrarse para realizar los deberes, porque un vaivén de pensamientos no se lo permitían: pensaba en las amigas, en jugar, en chuches, etc.

Por todo esto, habló del tema con su madre.

--Mami, no puedo concentrarme porque los pensamientos y las imágenes mentales no me dejan meditar. Cuando unos se van, llegan otros, y mi mente se queda confusa.

Su madre se acerca y le explica:

--Agarra esa escoba y sostenla.

AL CABO DE UNOS MINUTOS...

MAMÁ: Ahora, suelta la escoba y dime qué ha pasado.

JUANITA: La escoba ha caído al suelo...

MAMÁ: ¡TÚ controlas tus pensamientos, y NO tus pensamientos a ti!

miércoles, 23 de abril de 2025

ELEANOR AND MARBLE

  A very touching cat story .. <3 



In the spring of 1910, in a quiet English village lined with cobblestone streets and ivy-covered walls, there lived a young lady named Eleanor. She was known for her kindness, her delicate lace dresses, and the way she always had ink on her fingers from writing poetry no one ever read.


But more than anything, people knew Eleanor for her constant companion — a snow-white cat named Marble.


Marble had come into Eleanor’s life on a rainy October evening, just a tiny kitten with wide, frightened eyes, left in a wicker basket on the doorstep of the old manor house where she lived alone after her parents had passed. Eleanor had taken one look at the tiny creature and whispered, “Well then, I guess you and I will keep each other from getting too lonely.”


And they did.


Each morning, Marble would sit by Eleanor’s writing desk as she scribbled poems into her worn leather journal. He would bat at her quill with his paw, and she would pretend to scold him, but she always smiled. Every afternoon, the two could be found in the garden — Eleanor with her parasol, Marble chasing bees and tumbling through patches of lavender.


The villagers spoke of them fondly. “The lady and her cat,” they’d say. “Two hearts, one soul.”


But Eleanor held a sadness that she never shared. At 23, she had once been promised to a young man named Thomas. War took him away before he could return with a ring. Letters stopped coming. And though Eleanor never wore black, her eyes sometimes did.


Marble became her lighthouse through grief.


He would sleep on her chest when she cried, blink at her softly when she stared too long at the sea, and curl up by her journal when she couldn’t find the words. For years, it was just the two of them — quiet, steady, healing.


One morning in early winter, Eleanor didn’t rise.


The maid found her still, her hand resting gently on Marble’s back, a notebook on her lap, the final page filled.


"To the one who stayed,

who asked for nothing but gave me everything,

you are my dearest love,

in fur and silence."


Marble sat by her side for days. He ate nothing. He made no sound.


The villagers buried Eleanor beneath the cherry tree in her garden, the same one Marble always climbed to catch butterflies. They let Marble say goodbye.


But he never truly left her.


Every year, for nearly a decade, Marble would disappear from whichever home had taken him in, only to be found curled at the foot of Eleanor’s grave — rain or shine, season after season. Waiting. Remembering.


Until one spring morning, he too did not return.


They buried him beside her.


And for those who passed by the cherry tree each year, they swore they could sometimes hear a soft purr in the breeze and catch the faint scent of lavender.


Two hearts.

One soul.

Together once more and forever ... 🐈❤️

miércoles, 19 de marzo de 2025

Lily y su gato

 Lily y su gato 



HERMOSA HISTORIA.🫶💖

Lily siempre había creído que el amor venía con pelaje y un suave ronroneo.😻


Cuando tenía siete años, encontró un gatito pequeño y desaliñado acurrucado en una caja de cartón afuera de su casa. Su pelaje era una mezcla de naranja y blanco, con los ojos abiertos por el miedo, pero cuando ella extendió la mano, él apretó su cabecita contra la palma de su mano, eligiéndola al instante.


Lo llamó Oliver.


Desde ese día, fueron inseparables. La seguía por toda la casa, se acurrucaba en su almohada por la noche y la esperaba junto a la puerta cuando volvía del colegio. A medida que crecía, Oliver siguió siendo la única constante en su vida: en amistades que se desvanecían, en desamores, en momentos en que se sentía perdida. Siempre estuvo ahí, con su mirada sabia y su amor tranquilo y firme.


Pero el tiempo era cruel, y el amor, por fuerte que fuera, no podía detener el paso de los años. Oliver creció más lento, sus patas, antes juguetonas, ahora cansadas, sus ronroneos más suaves.


 Una noche, mientras Lily yacía a su lado, acariciando su pelaje, le susurró: «Ojalá pudieras quedarte para siempre».


Él parpadeó, como si comprendiera, y le acarició la mano con ternura por última vez.


La casa se sentía increíblemente vacía después de su partida. Sus rincones favoritos permanecieron intactos: el alféizar de la ventana donde observaba el mundo, la silla donde se acurrucaba, esperándola. Juraría que aún podía oír su ronroneo en la quietud de la noche.


Pasaron las semanas, luego los meses. Una noche, en lo que habría sido el cumpleaños de Oliver, Lily se sentó en el porche, mirando al cielo. Una estrella fugaz cruzó la oscuridad.


Cerró los ojos, susurrando el mismo deseo de antaño.


Y entonces, justo al abrirlos, lo oyó: un ronroneo suave y familiar.


Girándose lentamente, vio un pequeño gatito naranja sentado al pie del porche, con los ojos abiertos y esperando.


Lily sonrió entre lágrimas.


 Porque el amor, el que está destinado a ser, siempre encuentra el camino de regreso a casa ♥️


RESCATEMOS!

Allegro y el piano

 


Un cuento de gatos 📚📖✍️


Allegro y el Piano🎹🐱🎹


En una casa donde la música llenaba cada rincón, vivía un gato blanco llamado Allegro. Su dueña, Elisa, era una pianista que dedicaba horas a ensayar piezas clásicas. Allegro tenía una particular costumbre: cada vez que Elisa tocaba el piano, él saltaba sobre la tapa y se acomodaba entre las teclas y la madera, ronroneando al compás de la melodía.


Una noche de invierno, mientras Elisa practicaba un nocturno de Chopin, Allegro se durmió profundamente sobre el piano. Su dueña lo miró con ternura, pero también con preocupación: en unos días debía viajar a un concurso importante y no podría llevarlo consigo. Era la primera vez que se separaban en años.


El día del viaje, Elisa dejó a Allegro con su vecina, la amable señora Marta. Sin embargo, el gato no comió ni se movió de la ventana, esperando ver a su dueña regresar. Cuando Elisa llegó a la gran sala de conciertos, se sentó frente al piano, pero sintió un nudo en el pecho. Sus manos temblaban. Algo faltaba.


Tomó aire y cerró los ojos. En su mente, imaginó a Allegro dormido sobre las teclas, sintiendo su calor, su compañía. Con ese pensamiento, sus dedos empezaron a moverse con naturalidad sobre el teclado. La música fluyó como nunca antes, llenando la sala de emoción.


Días después, al regresar a casa con su trofeo en la mano, encontró a Allegro aún en la ventana. Al verla, el gato saltó de inmediato y se subió al piano, frotando su cabeza contra ella. Elisa sonrió y, sin pensarlo, comenzó a tocar una suave melodía. Allegro, como siempre, se acomodó y cerró los ojos, dejando que la música lo envolviera.


Desde ese día, Elisa supo que no importaban los escenarios ni los premios: la verdadera música estaba en casa, con su fiel compañero dormido sobre el piano.

Autor desconocido 



🎹🐱🐈‍⬛🎹🐱🐈‍⬛🎹🐱🐈‍⬛🎹

viernes, 10 de enero de 2025

EL CUENTO DE LA LIBÉLULA

 EL CUENTO DE LA LIBÉLULA



En el fondo de un viejo estanque vivía un grupo de larvas que no comprendían por qué cuando alguna de ellas ascendía por los largos tallos de lirio hasta la superficie del agua, nunca más volvía a descender donde ellas estaban.
Se prometieron una a otra que la próxima de ellas que subiera hasta la superficie, volvería para decirles a las demás lo que le había ocurrido.
Poco después, una de dichas larvas sintió un deseo irresistible de ascender hasta la superficie.
Comenzó a caminar hacia arriba por uno de los finos tallos verticales y cuando finalmente estuvo fuera se puso a descansar sobre una hoja de lirio. Entonces experimentó una transformación magnifica que la convirtió en una hermosa libélula con unas alas bellísimas.
Trató de cumplir su promesa, pero fue en vano.
Volando de un extremo al otro de la charca podía ver a sus amigas sobre el fondo.
Entonces comprendió que incluso si ellas a su vez hubieran podido verla, nunca habrían reconocido en esta criatura radiante a una de sus compañeras.
El hecho de que después de esa transformación que llamamos muerte, no podamos ver a nuestros amigos o familiares, ni comunicarnos con ellos, no significa que hayan dejado de existir …
No están aquí, se fueron a otro lugar para cuidarnos desde allí con una vista diferente.
«La muerte no es más que un cambio de misión.»

miércoles, 18 de diciembre de 2024

LA BUFANDA DE MAMÁ NOEL

 LA BUFANDA DE MAMÁ NOEL


En el frío Polo Norte, entre montañas de nieve y luces que bailan en el cielo, vivían Mamá Noel y Papá Noel. En su casita de madera, calentita y llena de risas, Mamá Noel estaba tejiendo. No era una bufanda cualquiera. Era una bufanda especial. De color rojo brillante, suave como una nube, y con pequeños copos de nieve bordados que parecían de verdad.

Esta bufanda tenía un secreto mágico: siempre daba calor, incluso en los días más helados. Pero lo más especial era que, cuando alguien la llevaba, sentía su corazón lleno de felicidad.

Un buen día, Mamá Noel dejó la bufanda lista sobre una silla junto al fuego. Quería dársela a uno de los duendes ayudantes de Papá Noel, que siempre tenían las manos frías cuando empaquetaban regalos. Pero al volver para buscarla, la bufanda había desaparecido.

¡Oh, no! exclamó Mamá Noel, mirando aquí y allá. Ni rastro de ella. ¿Dónde estará mi bufanda mágica?

Muy cerca de la casita, un grupo de niños jugaba en la nieve. Había cinco: Clara, Pedro, Lola, Dani y Sofía. Les encantaba deslizarse por colinas blancas y hacer muñecos de nieve con narices de zanahoria. Pero ese día se encontraron con algo curioso al pie de un árbol: unas pequeñas huellas que llevaban a lo profundo del bosque. Y, justo al lado, un hilo rojo delgado como un espagueti.

¡Mirad! dijo Sofía señalando el hilo. Esto parece de una bufanda.

Vamos a seguirlo sugirió Lola emocionada. Podría ser una aventura.

Los niños siguieron el hilo, curioso y serpenteante, que se enredaba entre arbustos y troncos helados. El bosque estaba tranquilo. Solo se escuchaba el crujir de la nieve bajo sus botas. ¡Hasta que, de repente, escucharon un estornudo enorme!

¡Atchís! ¡Atchís! venía de detrás de una roca grande y redonda.

Al rodearla, los niños se encontraron con un reno pequeño, con el hocico brillante y la carita llena de lágrimas. Sobre su lomo, allí estaba la bufanda roja. El renito miró a los niños con ojos tristes.

Lo siento, dijo con voz temblorosa. Tenía mucho frío, y la bufanda estaba ahí… brillar y calentar al mismo tiempo. No pude evitar llevármela.

Pero es la bufanda de Mamá Noel, dijo Pedro cruzando los brazos. Ella la hizo para ayudar a los duendes.

El renito bajó la cabeza, apenado. Pero antes de que nadie dijera nada más, Clara dio un paso adelante y acarició suavemente al renito.

Míralo bien, está helado, señaló Clara. Y si se resfría, no podrá tirar del trineo de Papá Noel.

¡Es verdad!, exclamó Dani. Papá Noel necesita a todos sus renos sanos para repartir los regalos.

Entonces podemos ayudarle, sonrió Lola. Vamos a llevarlo a la casita de Mamá Noel. Seguro que nos ayudará a que esté calentito.

El renito levantó la cabeza con el hocico tembloroso, y sus ojitos comenzaron a brillar con esperanza. ¿De verdad me ayudaríais?, murmuró.

¡Claro que sí! dijeron todos a coro.

El grupo caminó despacito de vuelta a la casita. Dani y Pedro caminaban delante, quitando la nieve para que el renito pudiera avanzar, y Clara y Sofía sujetaban la bufanda para que no se soltara. Lola iba cantando una canción para que todos se sintieran más animados.

Cuando llegaron, la Mamá Noel estaba mirando por la ventana, preocupada. Al verlos, con el renito detrás, se llevó las manos al pecho.

¡Ay, pequeño! dijo, arrodillándose para abrazar al renito. Está helado como un témpano. Entrad, entrad todos. Vamos a calentarnos.

Dentro, el fuego crujía en la chimenea, y olía a galletas recién hechas. Mamá Noel sirvió chocolate caliente para los niños y les dio una mantita al reno. Mientras les escuchaba contar todo lo sucedido, iba asintiendo con una sonrisa.

Sabéis, dijo al final, la bufanda mágica no era solo para los duendes. Está hecha para cualquiera que necesite calor y alegría. Hicisteis bien al ayudar a nuestro amiguito. Eso también es parte de la magia.

El renito, ya más cálido y con las fuerzas recuperadas, se rió y movió la cola.

¡Gracias, niños! prometo ser el mejor reno tirando del trineo este año.

Cuando llegó la noche, los niños volvieron a sus casas, contentos y con el corazón lleno de amor. El renito se quedó con la bufanda, y Mamá Noel ya había empezado a tejer otra, aún más bonita, para los duendes.

La moraleja de esta historia, queridos niños, es que compartir y ayudar a los demás hace que el espíritu navideño cobre vida. Cuando damos lo mejor de nosotros, un poquito de magia llena nuestras vidas y las de quienes nos rodean.

Y así, en el frío del Polo Norte, el calor de un gesto amable mantuvo el espíritu de la Navidad vivo y brillante.
Ahora, ¿podéis narrar una historia donde tengáis que cuidar de un animalito usando algo mágico que haya en vuestras casas? ¿Qué haríais para ayudarle?

FELICES FIESTAS A TODES LES LECTORES DE ESTE BLOG!!!

ESTE CUENTO CON SU ILUSTRACIÓN ES NUESTRA FORMA DE FELICITAROS.

OS DESEAMOS LAS MEJORES NAVIDADES, 2025 Y REYES DEL MUNDO.

DE TODO CORAZÓN.