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lunes, 7 de abril de 2025

Tu muñeca se llama Rebeca

Tu muñeca se llama Rebeca

y tiene cuatro pecas sobre su nariz…

Tu muñeca se llama Rebeca

y tiene cuatro pecas sobre su nariz…

Su cuerpito es pequeño y de trapo,

su boquita como un garabato,

sus ojitos forrados en raso…

y su cara está siempre feliz.

***************************

Tu muñeca se llama Rebeca

y tiene cuatro pecas sobre su nariz…

Tu muñeca se llama Rebeca

y tiene cuatro pecas sobre su nariz…

Yo te puedo ofrecer muchas cosas,

cien muñecas quizás más hermosas,

y que vuelan como mariposas…

quiero verte tan sólo reír.

^*********************

Tu muñeca se llama Rebeca

y tiene cuatro pecas sobre su nariz…

Tu muñeca se llama Rebeca

y tiene cuatro pecas sobre su nariz…

Te comprendo, niña temprana,

que no quieras cambiarla por nada,

tu Rebeca es más bella que nada,

ella piensa lo mismo que ti.

***************************

Tu muñeca se llama Rebeca

y tiene cuatro pecas sobre su nariz…

Tu muñeca se llama Rebeca

y tiene cuatro pecas sobre su nariz…

***********************

TERESA RABAL

Esta canción está basada en una muñeca real. Teresa le regaló a esa niña su propia muñeca Rebeca, que ella aún conserva como oro en paño. 

viernes, 14 de abril de 2023

Letra - ESCUELA DE MUÑECOS

 Hay una escuela en algún lugar

para muñecos

Es una escuela muy singular
es de muñecos

No me preguntes en dónde está
pues jamás nadie la pudo hallar
porque esa escuela
es solamente para muñecos

Allí se estudia cómo alegrar
a todo el mundo
Algo de historia, lenguaje y fe
canto y dibujo

Un poquitito de idioma inglés
otro poquito también francés
Y ahora ya ves
por qué tan sabios
son los muñecos

Una canción
silbando va
Hacia la escuela
hacia la escuela

Una canción
silbando va
Hacia la escuela
hacia la escuela

Para entender cómo nace el sol
En primavera
Para saber cuánto es dos más dos
Van a la escuela

Si alguna vez notas en tu hogar
que tu muñeco quizás no está
ya volverá (volverá)
pues fue a la escuela
de los muñecos


Una canción (una canción)

silbando va (silbando va)
hacia la escuela
hacia la escuela

Hay una escuela en algún lugar
Para muñecos
Es una escuela muy singular
Es de muñecos

No me preguntes en dónde está
Pues jamás nadie la pudo hallar
Porque esa escuela
Es solamente para muñecos

Allí se estudia cómo alegrar
A todo el mundo
Algo de historia, lenguaje y fe
Canto y dibujo

Un poquitito de idioma inglés
Otro poquito también francés
Y ahora ya ves
Por qué tan sabios
Son los muñecos

Una canción
Silbando va
Hacia la escuela
Hacia la escuela

Una canción
Silbando va
Hacia la escuela
Hacia la escuela

Para entender cómo nace el sol
En primavera
Para saber cuánto es dos más dos
Van a la escuela

Si alguna vez notas en tu hogar
Que tu muñeco quizás no está
ya volverá (volverá)
Pues fue a la escuela
De los muñecos

Hay una escuela en algún lugar
para muñecos
Es una escuela muy singular
es de muñecos

No me preguntes en dónde está
pues jamás nadie la pudo hallar
porque esa escuela
es solamente para muñecos

Allí se estudia cómo alegrar
a todo el mundo...
Algo de historia, lenguaje y fe,
canto y dibujo

Un poquitito de idioma inglés,
otro poquito también francés
Y ahora ya ves
por qué tan sabios
son los muñecos

Una canción
silbando van...
hacia la escuela
hacia la escuela

Una canción
silbando van...
hacia la escuela
hacia la escuela

Para entender cómo nace el sol
en primavera...
Para saber cuánto es dos más dos
van a la escuela

Si alguna vez notas en tu hogar
que tu muñeco quizás no está
ya volverá (volverá)
pues fue a la escuela
de los muñecos

Una canción (una canción)
silbando va (silbando va)
hacia la escuela
hacia la escuela

Una canción (una canción)
Silbando va (silbando va)
Hacia la escuela
Hacia la escuela

Una canción (una canción)
Silbando va (silbando va)
Hacia la escuela
Hacia la escuela

jueves, 13 de mayo de 2021

LA LLUVIA Y LAS PLANTAS, Y OTROS CUENTOS

 LA LLUVIA Y LAS PLANTAS


Caía la lluvia. Zarandeaba el viento las ramas de los árboles. La niña, cansada de su encierro, habló a la lluvia desde la ventana de su habitación:
Lluvia, mala amiga, ¿por qué caes? Me tienes presa en casa. ¡Cesa ya de una vez! ¡Quiero ir a jugar!
La voz cantarina de la lluvia replicó:
Las plantas, amiguita, tienen sed. Si agua no les doy, ni flores ni frutos darán después.

(Anónimo - Febrero, día 9; 365 cuentos de Susaeta)



SERENATA A UNA GATITA ASOMADA A LA VENTANA...

Micifuza está acatarrada. Su mamá le ha prohibido salir al jardín. Micifuza bosteza. Micifuza se aburre. A Micifuza se le hace interminable el tiempo. Micifuza no hace más que tosiquear. Micifuza lloriquea. Micifuza se acerca a la ventana del salón y aplasta su hocico contra el cristal...
Fuera, en la plaza del pueblo, los transeúntes van y vienen, se afanan, se cruzan en la calle, se saludan, intercambian unas palabras, sonríen, gesticulan, menean la cabeza, se separan, continúan su camino...
Micifuza lanza un gran suspiro. Micifuza se considera desgraciada. Micifuza dice para sí: "nadie piensa en mí..." Micifuza se siente muy enferma. ¡Pobre Micifuza! Pero sigue apegada a la ventana... no tiene otra cosa que hacer...
De pronto ve, justo delante de su casa, a un personaje extravagante, que se ha detenido y la mira. ¡Sí, la mira a ella, a Micifuza! Es una ardilla, vestida con una larga capa bordada, envuelto el cuello en insólitos collares de flores; bajo las patas delanteras tiene un estuche de guitarra. ¡Sí, la está mirando!
La gatita le hace una señal. Entonces la ardilla comienza una extravagante pantomima; saca su guitarra, la templa, se pone a tocar una melodía y entona una larga canción. Marca el compás con la cabeza; las flores de los collares laten al unísono. ¡Qué cómico resulta todo!
¡Detrás del cristal, Micifuza no oye nada, pero se divierte enormemente! ¡Sí, Micifuza está encantada! Micifuza ronronea de placer. ¡Micifuza aplaude! Micifuza palmotea de alegría con dos patitas sedosas. Micifuza se siente casi curada... Micifuza grita: "¡Bravo! ¡Muchas gracias, gentil ardilla!"
La ardilla tampoco oye nada, pero está encantada de ver los alegres gestos de la gatita, que parecía tan triste momentos antes... La ardilla deja la guitarra y se pone a hacer una espectacular serie de cabriolas y de piruetas. Después vuelve a coger la guitarra, hace a Micifuza una graciosa reverencia y, agitando su pata, agitando las flores, se aleja lentamente...
La serenata a la gatita asomada a la ventana ha terminado...

Pero Micifuza ya no está triste. Micifuza, solita delante del cristal, inventa saludos y reverencias. Micifuza toca una guitarra imaginaria. Micifuza da saltitos. Micifuza baila. Su mamá no comprende lo que está ocurriendo, ¡peor para ella!, pero se alegra porque el caso es extraordinario: ¡Micifuza ha recuperado la sonrisa!


DOÑA CLUECA, ENFERMERA

¡No reconoceríais a doña Clueca, con su toca de enfermera, su cuello almidonado y su delantal blanco! No os riáis. No es por el Carnaval por lo que se ha vestido así... ¡Es para cuidar mejor a sus siete polluelos! Sí, las cosas van mal: ¡todos a la vez han caído con sarampión!
¡Cuánto trabajo para la gallinita! Va de una cama a otra con su bandeja repleta de píldoras, polvos y tazas de tisana; a unos les da cordial, a otros píldoras...
¡Y tiene que cuidar del fuego! ¡Para que sus pollitos estén bien calientes! ¡Y hay que subir la leña, con lo pesada que es! ¡Y preparar los siete caloríferos!
Y, además, tiene que entretener a sus pequeños con diversos juegos, cantarles canciones infantiles, contarles bonitas historias...
¡Qué preocupaciones! ¡Qué ajetreo! ¡Doña Clueca la enfermera no sabe ya adónde acudir! Si tenéis algún momento libre, id a echarle una mano, que bien os lo agradecerá...


MEDIANOCHE

Es medianoche en el huerto...
El búho
encuentra muy insípido
su guisado.
¡El ruiseñor
entona su serie
de bemoles!
El conejo
juega a deslizarse
en el tomillo.
Es medianoche en el huerto...

LA TEMPORADA DE LAS CEREZAS

Ha llegado la temporada de las cerezas. El gatito se chupa los dedos: en el jardín de su mamá, el cerezo está cubierto de apetitosas bolitas rojas.
Sin pensarlo dos veces, el gatito trepa por el tronco, toma posición en la rama más gruesa y comienza el delicioso paladeo. ¡Pero desde lo alto del observatorio ve de pronto que el cerezo de la vecina parece más cargado de fruto, mejor provisto, y que las cerezas dan la sensación de ser más carnosas!
De nuevo, sin pensarlo dos veces, el gatito desciende del follaje, ¡aupa!, se encarama en el muro que separa los dos jardines, reflexiona unos segundos: "¿qué dirá la vecina?", retuerce la cola, hace unas muecas y decide: "¡Caramba, quien no se arriesga no gana!" y salta al césped del huerto ajeno... ¡Mira a su alrededor, no ve a nadie y se sube rápidamente al magnífico cerezo!
¡Qué festín, allá arriba, al abrigo del follaje! Decididamente, las cerezas de la vecina son mejores que las de su mamá: son más dulces, tienen un aroma especial, un gusto exquisito, sin la menor duda... ¡Nuestro gatito se da un atracón, embadurnándose los bigotes de rojo y salpicando su blusa azul de manchas violeta!
A la vecina, una jirafa de mal genio, que estaba tomando el fresco en la terraza, le llama de pronto la atención una extraña sombra azul que advierte en su cerezo. No tiene necesidad de largos razonamientos para identificar a tan insólito huésped...
Se levanta, atraviesa el jardín en tres zancadas y grita por todo lo alto:
--¡Ah!, ¡¿conque eres tú, granuja, quien me come las cerezas, eres tú el que entra en mi jardín como un ladrón?! ¡Vamos, baja de ahí enseguida! ¡Desciende del árbol, so tuno, o te voy a coger como a una cereza! ¡No me costará ningún esfuerzo, porque ya ves que tengo la misma talla que mi cerezo!
Al encontrarse bruscamente cara a cara con la jirafa, el gatito, que estaba entretenido apaciblemente en colgarse ramos de cerezas en las orejas, casi se queda sin aliento por la sorpresa.
¿Qué hacer? Ha caído en la trampa... Dirige en torno suyo una mirada aterrorizada. Se estremece. Tiembla. Pero, como está poseído de un espíritu aventurero, recobra el dominio de sí mismo y decide, cueste lo que cueste, escapar de la cólera de la jirafa. Para eso no ve más que una solución: hay que lanzarse al vacío, lo más lejos posible. ¡Se encoge para tomar más impulso, y, tras un vigoroso arranque, salta al aire!
...
Mala suerte: una rama lo sujeta por la blusa. ¡Qué pánico el suyo! ¡La jirafa lo va a atrapar! ¡Ahí está! El gatito patalea y se revuelve y gesticula tanto y tanto, que por fin la tela se desgarra y lo deja libre. Entonces, una hábil pirueta en los aires le hace aterrizar en el muro medianero. ¡Ya está salvado! ¡No le queda más que descender a su jardín! ¡Uf!, el gatito ha evitado la azotaina que la jirafa, conociéndola como él la conoce, no hubiera dejado de propinarle...
Por lo demás, oye gritar con cólera:
--Tienes la suerte de que los gatos caen siempre de pie, pero ¡aguarda, aguarda, que me parece que tu mamá va a pedirte cuentas por los jirones de tu blusa!
Que es lo que, en efecto, ocurre, para desgracia de nuestro gatito... Por algunas señales del banquete, por palabras sueltas y medias palabras, mamá Gata llega a conocer bien pronto la historia completa. Y deja a su minino sin postre, lo que, en suma, no era sino un castigo bien leve, ¡pues el gatito se había llevado al coleto, por anticipado, durante toda la tarde, copiosas raciones de cerezas!


HUMOR DE PERROS

¡Micifuza tiene hoy un humor de perros! Su mamá está desesperada...
--¡Micifuza, lávate los dientes!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, vístete!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, ponte los calcetines al derecho!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, deja pasar a los mayores!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, no interrumpas a papá!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, levanta el codo cuando bebas!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, no hables con la boca llena!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, vete bien derecha!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, vete de la mesa!
--¿Para qué?
--¡¡¡PARA QUE TE QUEDES SIN POSTRE!!!
--...
¡Mamá Gata ha ganado!
¡Esta vez, Micifuza no replica...
...y hace callar --¡ya era hora!-- a su humor de perros!


LA MUÑECA GATONITA

Micifuza viste a Gatonita, su muñeca preferida. Su amiga Siamesa la mira, la envidia y le dice:
--¿Me dejas tu muñeca?
--¡No!
--¿Por qué?
--¡Porque no!
--¡Ah!, bueno, ¡yo comprendo! --dice Siamesa, convencida y nada triste...


CARASSIO COLA-DE-VELO

Vivo en una casa de cristal,
doy vueltas y más vueltas en mi bocal,
mi color es de ópalo,
mis aletas parecen pétalos.
Como veis, no soy nada trivial,
y mi nombre es bien teatral:
¡me llamo Carassio Cola-de-Velo!


LA ABUELITA RASCACIA

¡Doña Rascacia es desde hoy abuela! ¡Su hija ha traído al mundo una docena de minúsculos rascacios rosas! Cangrejo, el telegrafista, ha venido hace unos instantes a anunciarle la fausta noticia.
La abuelita se apresura a ponerse en camino para admirar a los pececillos. Lleva en su maleta regalos para los recién nacidos: doce albornoces tejidos con las hierbas marinas más suaves y doce sonajeros de concha nacarada; para su hija, ha elegido un magnífico ramo de anémonas escarlata.
Nuestra buena Rascacia se da toda la prisa que pueda: nada con rapidez a lo largo de una ancha avenida de coral, se mete en una calle tranquila, bordeada de esponjas y de helechos, y por fin se detiene delante de una acogedora casita, excavada en una roca blanca. Siempre con la misma rapidez, doña Rascacia entra, abraza a su hija, la felicita, le da su ramo de "flores", luego se precipita en torno a las doce cunas, que son doce cascarones, adornados de cortinillas de finas algas, y durante largo tiempo se extasía contemplando a sus nietecitos:
--¡Qué preciosos! ¡Qué encantadores! ¡Esta pequeña nadadora es guapísima! ¡Mira, ese se parece a su papá! ¡Y aquel es el vivo retrato del hermano de su bisabuelo! ¡Qué monísimos! ¡Qué vivarachos! ¡Son los bebés más bonitos de todo el Mediterráneo!
Ni que decir tiene que nadie la contradice. En verdad, viendo a papá Rascacio, que contempla feliz a sus retoños, a la mamá, que sonríe detrás de su ramo de "flores", y a la abuela, que perora con animación, ¡no se sabe quién es el que está más encantado, más dichoso, y, sobre todo, sí, sobre todo, más orgulloso!...
Y al marcharse, vaciada la maleta, nuestra Rascacia repite, la trigésimasexta vez por lo menos:
--¡Qué contenta estoy! ¡Ah! ¡Qué contenta estoy de ser abuela!



POLLITOS Y PATITOS

Son las ocho de la mañana.
La gallina color café con leche, muy orgullosa de su nueva pollada, cobija con una tierna mirada a sus ocho crías de semblantes vivarachos y de piquitos puntiagudos.
La pata color chocolate, muy ufana con sus ocho patitos, se extasía contemplando sin cesar sus caritas risueñas y sus ojos picaruelos.
***
Mediodía.
La gallina y la pata, cada una por su lado, llevan de paseo a sus bebés de plumas.
La gallina color café con leche se pavonea, porque sus ocho polluelos tienen un bonito andar, ligero, gracioso, decidido, bien derecho y acompasado. Observa con aire de superioridad a los pobres patitos, que pasan las mayores fatigas del mundo para sostener sus patitas y más aún para dar algunos pasos: ¡dan traspiés, zigzaguean, basculan hacia adelante, patinan hacia atrás, se tambalean, tropiezan con cada piedra!
Y la gallina cacarea:
--¡Ah! ¡Qué desmañados!
***
Son las cinco de la tarde.
La gallina y la pata, seguidas de sus graciosos retoños, se encuentran por casualidad cerca de la charca. Una y otra han venido a disfrutar del aire de la tarde en la orilla del agua. De pronto, la pata color chocolate, con un alegre ¡cua, cua!, se lanza, la primera, a la charca. Bajo las miradas de asombro de la gallina color café con leche, los ocho patitos, que van detrás de su mamá, gritan ¡cua, cua!, y todos ellos ejecutan una perfecta zambullida. Después, en fila india, nadan como campeones entre los cañaverales. Se lanzan hacia adelante, dan la vuelta y giran con agilidad, y rivalizan en velocidad con su mamá. ¡La pata no puede ocultar su placer de ver tan espabilados a sus queridos pequeñuelos! En cuanto a la gallina, no se atreve a decir nada: las proezas de los ágiles patitos han hecho bajar inmediatamente su cacareo, y ella lamenta haberse apresurado al tratarles de desmañados... Sus ocho pollitos admiran sin reserva a los jóvenes bañistas: comprenden muy bien que jamás se atreverán a poner ni siquiera la punta de sus patas en el agua...
***
Son las ocho de la noche.
La gallina color café con leche y la pata color chocolate velan el sueño de sus polladas; las dos mamás están serenadas...
"Es cierto --se dice la gallina-- mis pequeños no saben nadar, pero por lo menos andan a la perfección. Así que mis polluelos y los patitos están iguales..."
"Ya veo --se dice la pata-- que mis pequeños andan muy mal, pero la verdad es que nadan y bucean a las mil maravillas. Y, después de todo, cada cual tiene su especialidad..."


LA CONEJINA PATINA...

Ha helado mucho por la noche. La charca está cubierta por una gruesa capa de hielo.
Arrebujada en su esclavina, la conejina patina...
Su mamá le ha dicho:
--¡No estés mucho rato! ¡Hace mucho frío, te vas a helar!
Arrebujada en su esclavina, la conejina patina...
Comienza a nevar. Los copos se arremolinan. Va siendo tarde...
Arrebujada en su esclavina, la conejina patina...
Su mamá la llama:
--¡Entra, está oscureciendo, y además tus hermanos van a terminar pronto el pastel!
Arrebujada en su esclavina, la conejina se quita los patines...
¡...Se quita los patines y se va, corre que te corre, hacia la cocina!

THE DOLL YOU LOST / LA MUÑECA QUE PERDISTE

 The Doll You Lost

I once had a sweet little doll, dears,
⁠The prettiest doll in the world;
Her cheeks were so red and so white, dears,
⁠And her hair was so charmingly curled.
​But I lost my poor little doll, dears,
⁠As I played in the heath one day;
And I cried for her more than a week, dears,
⁠But I never could find where she lay.
I found my poor little doll, dears,
⁠As I played in the heath one day:
Folk say she is terribly changed, dears,
⁠For her paint is all washed away,
And her arm trodden off by the cows, dears,
⁠And her hair not the least bit curled:
Yet, for old sakes' sake she is still, dears,
⁠The prettiest doll in the world.
Poem by Charles Kingsley (The Water Babies, Chapter 5)


My own translation:

LA MUÑECA QUE PERDISTE
Tuve una dulce muñequita,
tan bella que no hay otra igual.
Sus mejillas tan sonrosadas,
y sus rizos rubios cual trigal.
Mas perdí a mi pobre muñequita
jugando yo en el brezal.
La lloré por más de una semana,
mas nunca la pude reencontrar.
Encontré a mi pobre muñequita
jugando yo en el brezal.
Dicen que sufrió cambios terribles,
pues su rostro se fue a despintar.
Y las vacas le han partido un brazo,
y no tiene rizos cual trigal.
Aún así, por nostalgia ella sigue
tan bella que no hay otra igual.
Sandra Dermark

lunes, 24 de febrero de 2020

DOLLMAKER (ZEXAL)

Title: Dollmaker
Characters: Thomas Arclight, Rio Kamishiro/Kastle, Ryouga/Reginald Kamishiro/Kastle, vague mentions of Christopher and Michael
Rating: NSFW sob, but nothing immensely explicit
Warnings: Pseudo-incest and in general creepiness because idk, what kind of man has sex with BJDs he makes. This is really creepy and freaked me out a little even writing it, tbh.
Summary: A desperate man lost his brothers and began to work more on his hobby than anything else, and it became more of an obsession than anything as time went on.


When his brothers died, it had nearly killed him too. It was why he had ended up diving headfirst into his work, working more fervently every day, hardly resting. It was why he kept making more and more dolls, why he kept distracting himself with the hobby they were never fond of him having.
 
But collectors loved his work. They would always call, asking if they could come by to take a look at his showroom, and what else could he do but say yes? They offered lots of money, after all. And with that money, he could keep making them until he made the most perfect ones.
 
It was a project he started after six months of not having them around, and it took a year to complete them. Not because he slacked off - oh no, not at all. It was because he wanted them to be perfect. They had to be absolutely perfect, they had to be almost real, and that was why they were to be about the size of actual fourteen year olds. So he worked, day in and day out with their resin bodies, making sure their skin was the perfect shade. He worked to carefully place each small lock of hair into their heads - the girl had to have beautifully flowing blue hair, he decided, for she was to be his perfect little ice princess but with a fire in those magnificent amaranth irises he would later put into her face. The boy though, he was tougher to place, but if they were to be twins, then his hair must be purple and in waves, the ends of his hair flipping up, waves like the ocean with piercing cobalt eyes that could make him look like a predator. Their eyes would be glass of course, glass because he liked knowing that his creations were always watching him, giving him attention he never had.
 
The thought of those eyes, both of them, always send a shudder down his spine. The times that he would rest, he found himself leaning back in his seat and imagining their eyes, the smirks on their faces, the way that - if they had been real people - they would kiss each other, touch each other and put on a show for him, make him long to reach out for them before they would finally give in and give him the pleasure he so craved from their cold touch. And every time, he murmured different names on his lips, searching for the right ones until one day, when he came and moaned out ‘Reginald’, he knew that would be the boy’s name, and the girl would thusly be 'Rio’.
 
 
The day that he had completed them was the day when he should have been preparing for at least a dozen guests, all collectors and their close families that he had been kind enough to extend invitations to so they could all see his showroom at once. When he finished them though, he couldn’t help but get lost in their eyes, he couldn’t keep himself from wanting to touch them, running his fingers over the developed curve of Rio’s breasts as he kissed her neck and he pretended that she would moan for him, tell him to either give him more or she’d make sure he would. All he could do was chuckle against her neck and murmur, “Are you meant to be making such demands of your master?”
 
His attention then turned to Reginald, fingertips fluttering over the boy’s thighs and teasing over his groin, and he could imagine the hiss of breath as the boy inhaled deeply, and the glare that would follow, the biting demand that he leave his sister alone and just fuck him and get it over with. He could only chuckle again as he leaned in close to Reginald’s lips, speaking against them. “I wouldn’t have created you both if I didn’t want you both.” The resulting thought of Reginald turning his head and 'tsk'ing before mumbling an agreement made him giddy.
 
Why, if only he could make them real! Or if they could speak and do whatever he wanted of them, that would be lovely as well!
 
After some deliberation and him noticing the time, he quickly, but carefully, settled the two to stand in a case, putting them in the showroom for all to see. This would be their debut, and the world would soon see how talented he was and offer even more money for his works. Before long, the visitor showed and after treating them to some tea and biscuits, he lead them into the showroom with a gleeful grin.
 
Soon enough, all were gathered around Reginald and Rio, amazed with his craftsmanship.
 
“Goodness, they’re beautiful!”
 
“They both look so full of life - I almost thought they were real!”
 
“Thomas, how much will you take for these two?”
 
He had been content to bask in the compliments, but the moment he was asked for a price, that sweet smile of his turned dark as he shook his head. “I’m afraid they aren’t for sale. You see, they’re my best creations, and unless I can make something better, I would like to keep them. I’m certain you all understand.”
 
There were nods and murmurs of agreement before the crowd dissipated, though there was one that still lingered. He moved closer, sliding in next to the collector. “Are you certain you won’t take anything for them?” he asked, and Thomas had to bite back a snide comment, a bitter remark. Instead, he continued to smile pleasantly.
 
“Absolutely not, I’m afraid. I think it’s best that I keep my best on display to show what I’m capable of.”
 
“Mm, you do have a point. If you make any other fine specimens like these however, do let me know. I’m highly interested.”
 
“Yes, of course.” And as soon as the man turned away, Thomas’s pleasant expression shifted into one of annoyance. He would never sell these beautiful masterpieces. They belonged to him and him alone. No one would take them from him.
 
Reginald and Rio would love only him.
 
Later that night, when all visitors were gone and it was just him and the twins in the privacy of his own room, he made sure of that. They were undressed first, of course. And though he had marveled at their skin before, in the midst of making them, now that they were complete, he could linger. He could lave his tongue along the bony hip of Reginald’s, over the lower curve of Rio’s breast before swirling his tongue around her nipple. And though she couldn’t get wet, being inanimate, though Reginald couldn’t get hard, he still felt a thrill of imagining the both of them fighting against his touches, trying to hold back their orgasms so as not to show that he had such masterful hands, and Rio of course was the first to come, the first to scream out “Master!” and it made him shiver in delight. Reginald was much more stubborn though, he grit his teeth and let out a soundless shout as he came, and Thomas licked their bodies, pretending to clean them as he stroked himself, pushing himself to that edge and pressing his lips firmly against Rio’s to muffle his own shout.
 
He didn’t let himself cuddle with them though. He couldn’t. He had to clean them off with such care that it would take an hour alone to do that, and yet another hour to brush out their hair before redressing them. And as he sat them on his lap to wipe them down with a damp cloth, as he combed their hair, he spoke to them. He told them about how they were so beautiful, so perfect, how they could never leave him because didn’t they see? He needed them. They were everything to him and he… he needed them.
 
He was alone, as they could tell, and as the tears fell from the painful reminder that his brothers were dead, he could only laugh, pressing gentle kisses to the foreheads of his beautiful creations. “I need you both to stay with me. It’s all I’ll ask as… as your father. Just stay with me and love me.”

martes, 24 de diciembre de 2019

LA MUÑECA DE NAVIDAD (Enid Blyton)







INTRODUCCIÓN

Por la hija de Enid Blyton
Traducida por Sandra Dermark

Queridos niños:
Enid Blyton era mi madre, y cuando yo era pequeña cada noche antes de irme a dormir me leía sus cuentos.
Cuando yo regresaba del colegio estaba impaciente por leer las páginas de la historia que ella había escrito ese día. Si estaba escribiendo un libro largo, tenía que esperar muchos días hasta saber cuándo terminaba. Era inútil preguntarle a mi madre cuál era el final puesto que ella no lo sabía hasta que escribía el último capítulo.
Espero que os divirtáis con estos cuentos, que tratan de animales, muñecos y niños, y también de hadas y magia.
Espero que disfrutéis con estos cuentos. Intentad leérselos a vuestros hermanos más pequeños (si los tenéis) y veréis cómo resulta de divertido compartirlos.
Con cariño,
Gillian Blyton.



 


LA MUÑECA DE NAVIDAD

(The Doll on the Christmas Tree)

 

Cuento para irse a la cama de Enid Blyton
traducido y adaptado por Sandra Dermark
e ilustrado por Thomas Taylor

Franela era una muñeca muy graciosa. Se llamaba Franela porque era una muñeca de trapo y era muy suave y adorable. Sin embargo, ahora estaba vieja y tenía la cara muy rara. Sus ojos eran muy extraños. Tenía el pelo rubio y liso de lana amarilla, la nariz ñata y los dientes y los labios eran puntadas bordadas de hilo blanco y rojo, respectivamente.
Cada Navidad, los niños sacaban sus viejos muñecos y separaban aquellos que ya no iban a usar. Se los regalaban a otros niños necesitados que tuvieran pocos juguetes. Pero nunca separaban a Franela porque a los niños les gustaba mucho.



Esa Navidad, llegó una gran cantidad de muñecos nuevos al cuarto de los niños. Los niños eran tres y tenían muchos tíos (varones y tías, por parte de madre y de padre) que les regalaban juguetes preciosos. Llegó un tren de vapor con sus vías de ferrocarril, un coche nuevo al que se le daba cuerda, una casita de muñecos, un bonito panda y un oso de peluche de color azul, además de una muñeca de moda de plástico con el pelo rizado y forma de adulta, y otra que era una niña morena con un lazo rojo en la cabeza, y un marinerito de uniforme.
Los muñecos viejos miraron a los nuevos y pensaron en lo brillantes, limpios y bonitos que parecían. Los muñecos nuevos miraron a los viejos con desprecio.
---¡Qué bestia tan sucia! ---dijo el nuevo oso azul al viejo oso marrón.
---¿Eres una muñeca o una porquería? ---preguntó la muñeca nueva de pelo rizado a Franela.
---¿Porqué no lavas tu sucia ropa? ---le preguntó la muñeca del lazo rojo.
---Espero que no tengamos que vivir en el mismo armario ---dijo ese nuevo muñeco que era un marinero---. ¡Hueles fatal, estás vieja y sucia!
Franela se entristeció. Era verdad que era vieja y que estaba sucia. No podía lavar su vestido porque lo tenía cosido al cuerpo y no podía quitárselo. Tampoco los calcetines ni los zapatos, por las mismas razones. A veces, intentaba cepillar su pelo amarillo, pero resultaba difícil hacer que la lana cepillada, cardada, pareciera bien arreglada. Con frecuencia, cuando cepillaba su pelo de lana, le quedaba un lío muy enmarañado.
---Siento estar tan vieja y tan sucia ---dijo Franela---. Espero que seáis felices en este cuarto de jugar. Los tres niños son muy buenos.
---Seríamos felices, o sea, si no tuviéramos que convivir con gentuza como tú y el sucio oso pardo y el gastado panda viejo ---dijo cruelmente la muñeca de moda de pelo rizado.
---No habléis de ese modo ---dijo el gran Jumbo desde el rincón---. Vivimos aquí desde hace años y esta habitación es nuestra. Vosotros sois los nuevos: debéis comportaros.
---¡Qué desfachatez! ¡Hablarnos a nosotros así! ---dijo el oso azul---. Creo que voy a coger a ese elefante por la cola y lo voy a sacar de la habitación. ¡Debería vivir en el trastero y no aquí! ¡Está pasado de moda!
Jumbo estaba tan apartado que corrió hacia el oso nuevo y casi le derriba. El oso azul se apartó de su camino.
---¡Ese elefante no tiene educación! ---masculló---. ¿Qué clase de cuarto de jugar es éste?
Los niños habían organizado una fiesta para todos sus amigos por Navidad. Escribieron las invitaciones y las enviaron. Colocaron el árbol en el recibidor y lo cubrieron con adornos, luces y cintas plateadas que parecían de hielo.
Luego colgaron regalos pequeños en el árbol para sus amistades. Quedaba precioso. Sin embargo, cuando fueron a comprar un muñeco de ángel para coronar el árbol, ¡no consiguieron encontrar ninguno!
"Lo siento, pero este año se nos han acabado", dijeron en todas las tiendas. Los tres niños se quedaron muy decepcionados. Hablaron de ello en el cuarto de jugar, y todos los muñecos les escuchaban.
---Tenemos que poner un ángel en lo alto del árbol ---dijo Hilda---. Si no lo hacemos, incluso si ponemos una estrella o un cucurucho, parece que falta algo.
---Un ángel es un ser celestial y puede hacer magia ---dijo Ken---. Todo el mundo lo sabe.



---Me pregunto si no sería una buena idea que, en lugar del ángel, pusiéramos encima del todo del árbol alguno de nuestros nuevos muñecos ---dijo Polly.
Todos los muñecos nuevos escucharon el comentario con atención. ¡Cielos míos, estar en lo alto del árbol de Navidad debía de ser algo maravilloso!
---Yo, o sea, quedaría estupenda allí ---dijo la muñeca de moda de pelo rizado.
---Yo soy la que tengo la medida perfecta para estar allí colgada ---dijo la muñequita del lazo rojo.
---Un vigía en lo alto del árbol sería maravilloso ---dijo el marinerito.
---Estoy convencido de que los niños me preferirían a mí antes que a todos vosotros ---dijo el panda nuevo, con orgullo.
---Todos ellos gritarían encantados si fuera yo el que estuviera allí ---dijo el oso azul sacando pecho.
Franela les escuchaba a todos y suspiraba. Sería maravilloso estar en lo alto del árbol de Navidad viendo cómo brillaban las luces encendidas y los destellos de los adornos. "Pero debo alegrarme de que este año no me hayan echado a la caja de la beneficencia ---pensó la vieja muñeca de trapo---. ¡Después de todo, ¡soy muy vieja y estoy muy sucia!"
La madre de los niños sintió pena por sus tres hijos ya que estaban tristes al no haber podido conseguir un ángel. Se preguntó que podía hacer por ellos. Una noche, cuando los niños estaban durmiendo, se dirigió al cuarto de los juegos y abrió el armario. Todos los muñecos nuevos estaban radiantes. Estaban convencidos de que elegiría a uno de ellos para colocarlo en lo alto del árbol.
Lo habría hecho, pero de algún modo pensó que ninguno de los muñecos del armario era el adecuado para el árbol.
Franela no estaba en el armario. La muñeca de moda de los rizos la había expulsado esa tarde.
---No vamos a permitir que compartas este armario con nosotros, o sea... ---le dijo---. Eres muy vieja, fea y sucia. Tienes que irte a la beneficencia.
Franela se fue a un rincón y se quedó encogida, hecha un ovillo, sintiéndose desgraciada. Ya tenía suficiente con ser vieja, fea y sucia como para que se lo estuvieran repitiendo docenas de veces al día.
Mamá cerró la puerta del armario y, de pronto, vio a Franela enroscada en el rincón. La levantó y la miró.
---¡Querida muñequita! ---le dijo---. Hilda te tuvo cuando era un bebé y todos los niños te han querido mucho, pequeña Franela.
Se llevó a Franela fuera del cuarto de jugar. Se dirigió hacia su taller y, una vez allí, se puso a trabajar en la vieja muñeca. Descosió la ropa sucia y allí se quedó Franela, desnuda y descalza sobre la mesa. Tenía mucho frío y, además, se sentía un tanto extraña.
---¡Te vas a convertir en una muñeca preciosa, vieja Franela! ---dijo mamá---. Te voy a hacer un vestido de gasa muy fina, con faldas vaporosas, rodeado de cuentas de plata. Te coseré unas estupendas alas plateadas y te pondré un arpa en miniatura para que puedas tocarla, y un cetro para que puedas agitarlo. Te lavaré ese pelo amarillo de lana y te lo dejaré brillante como si fuera de oro. ¡Incluso llevarás un halo de plata! ¡Qué contentos se pondrán los niños!
Mamá se pasó toda la noche trabajando. Le confeccionó a Franela un precioso vestido de volantes con pequeñas cuentas plateadas. Le cosió un par de alas espléndidas que salían de la espalda de Franela como si fueran auténticas. Le lavó el pelo de lana y se lo secó. Se veía limpio y dorado. Le hizo un halo y un arpa y un cetro en miniatura de plata, ¡e incluso le fabricó un par de zapatitos plateados a juego!
---¡Ya está! ¡Estás preciosa! ---dijo mamá---. ¡Eres el ángel más bonito que hemos tenido jamás, Franela! ¡Te voy a poner encima del árbol!
A la mañana siguiente, los tres niños gritaban de alborozo al ver un ángel en lo alto del árbol.
---¡Mamá, al final lo has conseguido! ¡Oh, es precioso!
Hubo muchos niños invitados a la fiesta. ¡Miraban ese precioso ángel y les habría encantado tener uno igual! Hablaron de ello mientras estaban sentados en el cuarto de jugar tomando el té.



---Es una muñeca simplemente maravillosa ---dijeron---. Debería ser la reina del cuarto de jugar, Hilda. Es el ángel más hermoso que jamás hayamos visto. ¡Tiene una mirada tan dulce, tan bonita y cariñosa!
Los muñecos escuchaban todo eso. Aquella noche, cuando los invitados se hubieron marchado, los muñecos nuevos se pusieron a hablar.
---Vamos a ver a esa muñeca que es un precioso ángel. Tal vez le gustaría venir aquí a vivir con nosotros y ser nuestra reina. Nosotros no tenemos reina. ¡Estaría muy bien poder tener a un ángel como reina, porque entonces podríamos utilizar su magia!
A continuación, se fueron todos al recibidor para ver el árbol. Las luces ya estaban apagadas. El árbol estaba allí iluminado por la luz de la luna, los adornos brillaban y el ángel aparecía misterioso y espléndido en lo alto.
---¡Mira sus alas! ---susurró el oso azul.
---¡Mira el arpa, o sea, y el cetro mágico! ---dijo la muñeca de pelo rizado.
---¡Qué lástima que no esté aquí la vieja y fea Franela para ver ésto! ---dijo Jumbo---. No sé dónde habrá ido a parar; confío en que no la hayan tirado a la caja de la beneficencia.
---¡Es el lugar que le corresponde! ---dijo el marinerito---. ¡Por Neptuno! ¡Me encanta la muñeca de ángel! ¡Me gustaría casarme con ella y que utilizase su magia para mí!
Jumbo se dirigió al ángel con humildad:
---Hermosa muñeca de ángel, ¿quieres venir con nosotros y ser nuestra reina? Nos sentiríamos muy honrados.
---Gracias ---dijo el ángel con una voz que sonaba muy familiar---. Pero ¿estáis seguros de que me queréis a mí?
---¡Por supuesto! ---dijeron todos---. ¡Baja y organizaremos una fiesta especial para ti, Alteza!
Entonces, el ángel descendió del árbol y se fue con los muñecos al cuarto de jugar. Franela no sabía que los demás creían que era capaz de hacer magia auténtica, ni que no la reconocían. Ella pensaba que sabían que sólo se trataba de Franela disfrazada. Les sonrió a todos, pues estaba muy contenta, y a los muñecos les encantó.
¡Cómo la trataban! Le dijeron docenas de veces que era hermosísima. ¡Franela nunca se había sentido tan maravillosamente bien!
Más tarde, la muñeca de moda de pelo rizado dijo:
---Es una pena que la vieja y sucia y fea Franela no esté aquí, Alteza. Tal vez tú habrías podido agitar tu cetro, o sea, para dejarla un poco más limpia y más guapa. ¡Era una criatura tan horrenda!
El ángel miró a la muñeca de pelo rizado y luego le habló con voz suave:
---¿No os habéis dado cuenta de que yo soy Franela? Es cierto que ahora soy un ángel y voy a ser reina, ¡pero sigo siendo Franela!
Todos los muñecos se miraron asombrados y entonces se dieron cuenta de que realmente se trataba de Franela, ¡pero qué Franela tan distinta!
---¡Oh, Franela, al final no te han tirado a la beneficencia! ---exclamó Jumbo con gran alegría---. Querida Franela, mereces ser reina, mereces ser ángel, porque siempre has sido tan buena y encantadora. ¡Majestad, estoy encantado de verla de nuevo!
Todos los muñecos rodearon a Franela con alborozo. Los nuevos se sintieron muy incómodos al pensar que tal vez Franela tuviera magia y ahora podría castigarles por su desprecio. Decidieron que tal vez sería mejor comportarse amablemente con ella.



Pero Franela sabía cual era su opinión.
---Yo no seré vuestra reina si no lo deseáis ---dijo---. Tan solo seré la reina de los muñecos viejos. Y no creo que utilice la magia que hay en mí para castigaros. Únicamente la usaré para haceros felices.
---¡Oh! ---dijo la muñeca de moda de pelo rizado mirando a Franela con asombro---. ¡Oh! Eres buena, amable y sabes perdonar. Mereces ser reina, ¡desde luego que sí!
---Se lo merece ---dijo el marinero.
---¡Es un encanto! ---dijo el oso azul.
Y todos los muñecos nuevos saludaron a Franela haciéndole una cortés y elegante reverencia.
Ella sigue siendo la reina de la habitación, y cada Navidad regresa nuevamente a su árbol. Creo que os gustaría verla allí puesta, ¿verdad? Bueno, si algún día conocéis a Hilda, a Ken y a Polly, pedidles que os enseñen a la vieja Franela. ¡Estarán encantados!