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domingo, 6 de julio de 2025

4 HUNGRY CHICKS (FOLK SONG)

 THE HUNGRY CHICKS. 



Said the first little chicken, 


With a queer little squirm, 


“I wish I could find 

A fat little worm ! ” 


Said the second little chicken, 


With an odd little shrug, 


“I wish I could find 

A fat little bug! ” 


Said the third little chicken, 


With a small sigh of grief, 


“ I wish I could find 

A little green leaf! ” 


Said the fourth little chicken, 

With a faint little moan, 


“ I wish I could find 


A wee gravel-stone ! ” 


“Now, see here!” said the mother, 

From the green garden patch, 


“ If you want any breakfast, 


Just come here and scratch! ” 


jueves, 13 de mayo de 2021

LA LLUVIA Y LAS PLANTAS, Y OTROS CUENTOS

 LA LLUVIA Y LAS PLANTAS


Caía la lluvia. Zarandeaba el viento las ramas de los árboles. La niña, cansada de su encierro, habló a la lluvia desde la ventana de su habitación:
Lluvia, mala amiga, ¿por qué caes? Me tienes presa en casa. ¡Cesa ya de una vez! ¡Quiero ir a jugar!
La voz cantarina de la lluvia replicó:
Las plantas, amiguita, tienen sed. Si agua no les doy, ni flores ni frutos darán después.

(Anónimo - Febrero, día 9; 365 cuentos de Susaeta)



SERENATA A UNA GATITA ASOMADA A LA VENTANA...

Micifuza está acatarrada. Su mamá le ha prohibido salir al jardín. Micifuza bosteza. Micifuza se aburre. A Micifuza se le hace interminable el tiempo. Micifuza no hace más que tosiquear. Micifuza lloriquea. Micifuza se acerca a la ventana del salón y aplasta su hocico contra el cristal...
Fuera, en la plaza del pueblo, los transeúntes van y vienen, se afanan, se cruzan en la calle, se saludan, intercambian unas palabras, sonríen, gesticulan, menean la cabeza, se separan, continúan su camino...
Micifuza lanza un gran suspiro. Micifuza se considera desgraciada. Micifuza dice para sí: "nadie piensa en mí..." Micifuza se siente muy enferma. ¡Pobre Micifuza! Pero sigue apegada a la ventana... no tiene otra cosa que hacer...
De pronto ve, justo delante de su casa, a un personaje extravagante, que se ha detenido y la mira. ¡Sí, la mira a ella, a Micifuza! Es una ardilla, vestida con una larga capa bordada, envuelto el cuello en insólitos collares de flores; bajo las patas delanteras tiene un estuche de guitarra. ¡Sí, la está mirando!
La gatita le hace una señal. Entonces la ardilla comienza una extravagante pantomima; saca su guitarra, la templa, se pone a tocar una melodía y entona una larga canción. Marca el compás con la cabeza; las flores de los collares laten al unísono. ¡Qué cómico resulta todo!
¡Detrás del cristal, Micifuza no oye nada, pero se divierte enormemente! ¡Sí, Micifuza está encantada! Micifuza ronronea de placer. ¡Micifuza aplaude! Micifuza palmotea de alegría con dos patitas sedosas. Micifuza se siente casi curada... Micifuza grita: "¡Bravo! ¡Muchas gracias, gentil ardilla!"
La ardilla tampoco oye nada, pero está encantada de ver los alegres gestos de la gatita, que parecía tan triste momentos antes... La ardilla deja la guitarra y se pone a hacer una espectacular serie de cabriolas y de piruetas. Después vuelve a coger la guitarra, hace a Micifuza una graciosa reverencia y, agitando su pata, agitando las flores, se aleja lentamente...
La serenata a la gatita asomada a la ventana ha terminado...

Pero Micifuza ya no está triste. Micifuza, solita delante del cristal, inventa saludos y reverencias. Micifuza toca una guitarra imaginaria. Micifuza da saltitos. Micifuza baila. Su mamá no comprende lo que está ocurriendo, ¡peor para ella!, pero se alegra porque el caso es extraordinario: ¡Micifuza ha recuperado la sonrisa!


DOÑA CLUECA, ENFERMERA

¡No reconoceríais a doña Clueca, con su toca de enfermera, su cuello almidonado y su delantal blanco! No os riáis. No es por el Carnaval por lo que se ha vestido así... ¡Es para cuidar mejor a sus siete polluelos! Sí, las cosas van mal: ¡todos a la vez han caído con sarampión!
¡Cuánto trabajo para la gallinita! Va de una cama a otra con su bandeja repleta de píldoras, polvos y tazas de tisana; a unos les da cordial, a otros píldoras...
¡Y tiene que cuidar del fuego! ¡Para que sus pollitos estén bien calientes! ¡Y hay que subir la leña, con lo pesada que es! ¡Y preparar los siete caloríferos!
Y, además, tiene que entretener a sus pequeños con diversos juegos, cantarles canciones infantiles, contarles bonitas historias...
¡Qué preocupaciones! ¡Qué ajetreo! ¡Doña Clueca la enfermera no sabe ya adónde acudir! Si tenéis algún momento libre, id a echarle una mano, que bien os lo agradecerá...


MEDIANOCHE

Es medianoche en el huerto...
El búho
encuentra muy insípido
su guisado.
¡El ruiseñor
entona su serie
de bemoles!
El conejo
juega a deslizarse
en el tomillo.
Es medianoche en el huerto...

LA TEMPORADA DE LAS CEREZAS

Ha llegado la temporada de las cerezas. El gatito se chupa los dedos: en el jardín de su mamá, el cerezo está cubierto de apetitosas bolitas rojas.
Sin pensarlo dos veces, el gatito trepa por el tronco, toma posición en la rama más gruesa y comienza el delicioso paladeo. ¡Pero desde lo alto del observatorio ve de pronto que el cerezo de la vecina parece más cargado de fruto, mejor provisto, y que las cerezas dan la sensación de ser más carnosas!
De nuevo, sin pensarlo dos veces, el gatito desciende del follaje, ¡aupa!, se encarama en el muro que separa los dos jardines, reflexiona unos segundos: "¿qué dirá la vecina?", retuerce la cola, hace unas muecas y decide: "¡Caramba, quien no se arriesga no gana!" y salta al césped del huerto ajeno... ¡Mira a su alrededor, no ve a nadie y se sube rápidamente al magnífico cerezo!
¡Qué festín, allá arriba, al abrigo del follaje! Decididamente, las cerezas de la vecina son mejores que las de su mamá: son más dulces, tienen un aroma especial, un gusto exquisito, sin la menor duda... ¡Nuestro gatito se da un atracón, embadurnándose los bigotes de rojo y salpicando su blusa azul de manchas violeta!
A la vecina, una jirafa de mal genio, que estaba tomando el fresco en la terraza, le llama de pronto la atención una extraña sombra azul que advierte en su cerezo. No tiene necesidad de largos razonamientos para identificar a tan insólito huésped...
Se levanta, atraviesa el jardín en tres zancadas y grita por todo lo alto:
--¡Ah!, ¡¿conque eres tú, granuja, quien me come las cerezas, eres tú el que entra en mi jardín como un ladrón?! ¡Vamos, baja de ahí enseguida! ¡Desciende del árbol, so tuno, o te voy a coger como a una cereza! ¡No me costará ningún esfuerzo, porque ya ves que tengo la misma talla que mi cerezo!
Al encontrarse bruscamente cara a cara con la jirafa, el gatito, que estaba entretenido apaciblemente en colgarse ramos de cerezas en las orejas, casi se queda sin aliento por la sorpresa.
¿Qué hacer? Ha caído en la trampa... Dirige en torno suyo una mirada aterrorizada. Se estremece. Tiembla. Pero, como está poseído de un espíritu aventurero, recobra el dominio de sí mismo y decide, cueste lo que cueste, escapar de la cólera de la jirafa. Para eso no ve más que una solución: hay que lanzarse al vacío, lo más lejos posible. ¡Se encoge para tomar más impulso, y, tras un vigoroso arranque, salta al aire!
...
Mala suerte: una rama lo sujeta por la blusa. ¡Qué pánico el suyo! ¡La jirafa lo va a atrapar! ¡Ahí está! El gatito patalea y se revuelve y gesticula tanto y tanto, que por fin la tela se desgarra y lo deja libre. Entonces, una hábil pirueta en los aires le hace aterrizar en el muro medianero. ¡Ya está salvado! ¡No le queda más que descender a su jardín! ¡Uf!, el gatito ha evitado la azotaina que la jirafa, conociéndola como él la conoce, no hubiera dejado de propinarle...
Por lo demás, oye gritar con cólera:
--Tienes la suerte de que los gatos caen siempre de pie, pero ¡aguarda, aguarda, que me parece que tu mamá va a pedirte cuentas por los jirones de tu blusa!
Que es lo que, en efecto, ocurre, para desgracia de nuestro gatito... Por algunas señales del banquete, por palabras sueltas y medias palabras, mamá Gata llega a conocer bien pronto la historia completa. Y deja a su minino sin postre, lo que, en suma, no era sino un castigo bien leve, ¡pues el gatito se había llevado al coleto, por anticipado, durante toda la tarde, copiosas raciones de cerezas!


HUMOR DE PERROS

¡Micifuza tiene hoy un humor de perros! Su mamá está desesperada...
--¡Micifuza, lávate los dientes!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, vístete!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, ponte los calcetines al derecho!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, deja pasar a los mayores!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, no interrumpas a papá!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, levanta el codo cuando bebas!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, no hables con la boca llena!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, vete bien derecha!
--¿Para qué?
--¡Micifuza, vete de la mesa!
--¿Para qué?
--¡¡¡PARA QUE TE QUEDES SIN POSTRE!!!
--...
¡Mamá Gata ha ganado!
¡Esta vez, Micifuza no replica...
...y hace callar --¡ya era hora!-- a su humor de perros!


LA MUÑECA GATONITA

Micifuza viste a Gatonita, su muñeca preferida. Su amiga Siamesa la mira, la envidia y le dice:
--¿Me dejas tu muñeca?
--¡No!
--¿Por qué?
--¡Porque no!
--¡Ah!, bueno, ¡yo comprendo! --dice Siamesa, convencida y nada triste...


CARASSIO COLA-DE-VELO

Vivo en una casa de cristal,
doy vueltas y más vueltas en mi bocal,
mi color es de ópalo,
mis aletas parecen pétalos.
Como veis, no soy nada trivial,
y mi nombre es bien teatral:
¡me llamo Carassio Cola-de-Velo!


LA ABUELITA RASCACIA

¡Doña Rascacia es desde hoy abuela! ¡Su hija ha traído al mundo una docena de minúsculos rascacios rosas! Cangrejo, el telegrafista, ha venido hace unos instantes a anunciarle la fausta noticia.
La abuelita se apresura a ponerse en camino para admirar a los pececillos. Lleva en su maleta regalos para los recién nacidos: doce albornoces tejidos con las hierbas marinas más suaves y doce sonajeros de concha nacarada; para su hija, ha elegido un magnífico ramo de anémonas escarlata.
Nuestra buena Rascacia se da toda la prisa que pueda: nada con rapidez a lo largo de una ancha avenida de coral, se mete en una calle tranquila, bordeada de esponjas y de helechos, y por fin se detiene delante de una acogedora casita, excavada en una roca blanca. Siempre con la misma rapidez, doña Rascacia entra, abraza a su hija, la felicita, le da su ramo de "flores", luego se precipita en torno a las doce cunas, que son doce cascarones, adornados de cortinillas de finas algas, y durante largo tiempo se extasía contemplando a sus nietecitos:
--¡Qué preciosos! ¡Qué encantadores! ¡Esta pequeña nadadora es guapísima! ¡Mira, ese se parece a su papá! ¡Y aquel es el vivo retrato del hermano de su bisabuelo! ¡Qué monísimos! ¡Qué vivarachos! ¡Son los bebés más bonitos de todo el Mediterráneo!
Ni que decir tiene que nadie la contradice. En verdad, viendo a papá Rascacio, que contempla feliz a sus retoños, a la mamá, que sonríe detrás de su ramo de "flores", y a la abuela, que perora con animación, ¡no se sabe quién es el que está más encantado, más dichoso, y, sobre todo, sí, sobre todo, más orgulloso!...
Y al marcharse, vaciada la maleta, nuestra Rascacia repite, la trigésimasexta vez por lo menos:
--¡Qué contenta estoy! ¡Ah! ¡Qué contenta estoy de ser abuela!



POLLITOS Y PATITOS

Son las ocho de la mañana.
La gallina color café con leche, muy orgullosa de su nueva pollada, cobija con una tierna mirada a sus ocho crías de semblantes vivarachos y de piquitos puntiagudos.
La pata color chocolate, muy ufana con sus ocho patitos, se extasía contemplando sin cesar sus caritas risueñas y sus ojos picaruelos.
***
Mediodía.
La gallina y la pata, cada una por su lado, llevan de paseo a sus bebés de plumas.
La gallina color café con leche se pavonea, porque sus ocho polluelos tienen un bonito andar, ligero, gracioso, decidido, bien derecho y acompasado. Observa con aire de superioridad a los pobres patitos, que pasan las mayores fatigas del mundo para sostener sus patitas y más aún para dar algunos pasos: ¡dan traspiés, zigzaguean, basculan hacia adelante, patinan hacia atrás, se tambalean, tropiezan con cada piedra!
Y la gallina cacarea:
--¡Ah! ¡Qué desmañados!
***
Son las cinco de la tarde.
La gallina y la pata, seguidas de sus graciosos retoños, se encuentran por casualidad cerca de la charca. Una y otra han venido a disfrutar del aire de la tarde en la orilla del agua. De pronto, la pata color chocolate, con un alegre ¡cua, cua!, se lanza, la primera, a la charca. Bajo las miradas de asombro de la gallina color café con leche, los ocho patitos, que van detrás de su mamá, gritan ¡cua, cua!, y todos ellos ejecutan una perfecta zambullida. Después, en fila india, nadan como campeones entre los cañaverales. Se lanzan hacia adelante, dan la vuelta y giran con agilidad, y rivalizan en velocidad con su mamá. ¡La pata no puede ocultar su placer de ver tan espabilados a sus queridos pequeñuelos! En cuanto a la gallina, no se atreve a decir nada: las proezas de los ágiles patitos han hecho bajar inmediatamente su cacareo, y ella lamenta haberse apresurado al tratarles de desmañados... Sus ocho pollitos admiran sin reserva a los jóvenes bañistas: comprenden muy bien que jamás se atreverán a poner ni siquiera la punta de sus patas en el agua...
***
Son las ocho de la noche.
La gallina color café con leche y la pata color chocolate velan el sueño de sus polladas; las dos mamás están serenadas...
"Es cierto --se dice la gallina-- mis pequeños no saben nadar, pero por lo menos andan a la perfección. Así que mis polluelos y los patitos están iguales..."
"Ya veo --se dice la pata-- que mis pequeños andan muy mal, pero la verdad es que nadan y bucean a las mil maravillas. Y, después de todo, cada cual tiene su especialidad..."


LA CONEJINA PATINA...

Ha helado mucho por la noche. La charca está cubierta por una gruesa capa de hielo.
Arrebujada en su esclavina, la conejina patina...
Su mamá le ha dicho:
--¡No estés mucho rato! ¡Hace mucho frío, te vas a helar!
Arrebujada en su esclavina, la conejina patina...
Comienza a nevar. Los copos se arremolinan. Va siendo tarde...
Arrebujada en su esclavina, la conejina patina...
Su mamá la llama:
--¡Entra, está oscureciendo, y además tus hermanos van a terminar pronto el pastel!
Arrebujada en su esclavina, la conejina se quita los patines...
¡...Se quita los patines y se va, corre que te corre, hacia la cocina!

lunes, 5 de abril de 2021

miércoles, 18 de diciembre de 2019

ADVIENTO - EL POLLITO DESOBEDIENTE

EL POLLITO DESOBEDIENTE


En un bonito gallinero vivía una gallina con sus seis pollitos, pero uno de ellos era muy desobediente. Una tarde la gallina salió de paseo con todos sus pollitos y antes de cruzar la calle dijo:
_ ¡Miren para ambos lados antes de cruzar!
El pollito Tomasito no hizo caso a su madre y mientras cruzaba vio un coche que se acercaba a gran velocidad así que corrió asustado a la acera para evitar ser atropellado.

Por suerte sólo perdió algunas plumitas por el ímpetu del viento.

Luego llegaron al gallinero y mamá gallina se puso a preparar la cena. Al pollito Tomasito le llamaba mucho la atención el fuego, por lo que la madre le advirtió:

_ ¡Tomasito no te acerques mucho al fuego porque te puedes quemar!

Pero el pollito Tomasito como era muy desobediente se acercó demasiado y se le quemó un dedito de la patita. La mamá gallina le escuchó piar de dolor y fue a curarle.

Pasaron unos días y el pollito Tomasito como era un poco inquieto estaba aburrido y se acercó a su mamá  preguntando:

_ ¿Puedo ir a la finca a buscar lombrices?

_  ¡Hijo, está nublado y parece que va a caer una tormenta!  ¡Mejor ve mañana! _ respondió la madre.

_ ¡No lloverá mamá!_ dijo el pollito Tomasito.

 Y desobedeciendo una vez más, agarró una bolsita, se la puso en el cuello y se marchó a la finca.

Allí con su piquito comenzó a atrapar lombrices de diferentes tamaños y las iba guardando en su bolsita.

Pero mientras intentaba atrapar una lombriz que se enterraba en la tierra, escuchó el estallido de un trueno y luego vio un relámpago en el aire. Sus plumitas se le erizaron porque comenzó a caer una gran tormenta.

Como el pollito Tomasito sabía que el agua y los rayos le podían quitar la vida, rápidamente se subió a una roca y encontró refugio en una pequeña cueva. Allí dentro piaba por haber desobedecido a su madre.

La noche avanzaba y el pollito Tomasito comenzó a temblar de frío y a estornudar. En ese momento pensó:

_ ¡Creo que me he resfriado con el frío! 

Las horas seguían pasando y cuando ya había amanecido, el pollito Tomasito se despertó con mucha fiebre, con decaimiento y con sus plumas erizadas.

Se sentía tan mal de salud que en medio de su lamento dijo:

_ ¡Este es el fin de mi vida!


Dicho esto, cayó boca arriba, estiró las patitas, giró su cabecita y sus ojitos se cerraron.

En ese momento llegó mamá gallina y con su pico lo agarró por las patitas y se lo llevó al gallinero. Allí lo abrigó bajos sus alas y lo curó.

Pasaron algunas horas hasta que el pollito Tomasito despertó y bajo las alas de mamá gallina sacó la cabecita y pensó:

_ ¡A partir de ahora, obedeceré a mi madre para que todo me vaya  bien en la vida!

Autora: María Abreu

martes, 17 de diciembre de 2019

ADVIENTO - LOS POLLITOS GEMELOS

LOS POLLITOS GEMELOS


Una gallina que vivía en un pequeño corral sintió que le había llegado la hora de poner un huevo. Y antes de poner el huevo hizo un nido con suaves pajas.

Momentos después, puso su apreciado huevo sobre el nido y se quedó allí calentándolo. Cuando llegaba la noche, la gallina leía cuentos infantiles con valores al bebé pollito que aún estaba dentro del cascaron.

Muchas veces estaba tan ilusionada que pensaba cómo sería su bebé pollito:

_ ¿Será marrón, negro o amarillo? ¡No me importa el color, lo importante es que salga sano!_ afirmaba con mucha dulzura, acariciando el huevo con una de sus alas.

Una noche mientras calentaba el huevo, la gallina sintió que algo se estaba moviendo dentro del cascaron. Apartándose miró fijamente cómo un pollito comenzó a picar el cascarón hasta que sacó una patita y luego la otra. Con mucho esfuerzo salió del huevo carraspeando y tosiendo un poco.

Segundos después salió otro pollito del mismo huevo piando:

_ ¡Pío, pío, pío, pío pío!

La gallina se quedó sorprendida al descubrir que habían salido dos pollitos del mismo huevo. Eran dos pollitos gemelos, amarillos e idénticos.

La mamá gallina estaba tan feliz que rápidamente los cubrió bajo sus alas.

Momentos después, llegó papá gallo de trabajar. Cuando la gallina le mostró a los bebés pollitos se desmayó, patas arriba al descubrir que eran gemelos.

Rápidamente la mamá gallina se acercó al gallo y echándole aire con sus alas le despertó del desmayo. Finalmente decidieron ponerle nombres a los bebés: a uno le pusieron Piolisto y al otro Lito.

Pasados los meses los pollitos iban creciendo. Aunque físicamente eran idénticos, en su forma de ser eran muy diferentes.

Piolisto era un pollito tan inquieto y travieso, que cada vez que su hermano el pollito Lito se acurrucaba bajo las alas de mamá gallina, él corría y tomándolo por las patitas lo sacaba a rastras de debajo de las alas de mamá gallina.

Luego salía corriendo y se subía sobre el techo del corral. Cada vez que papá gallo veía esta situación, ponía una de sus alas sobre su frente y gritaba:

_ ¡Dios mío, dame paciencia! ¡Esto es grande ser padre!

Segundos después gritaba desesperado:

_ ¡Piolisto baja de ahí, puedes caerte y hacerte daño!

Y así iban pasando los meses. Piolisto haciendo de las suyas y Lito pintando y leyendo tranquilamente.

Papá gallo y mamá gallina estaban preocupados por el comportamiento inquieto de Piolisto. Los pollitos eran muy distintos y no encontraban la manera de educarlos basados en sus diferencias.

Una tarde, mientras merendaban en la terraza del corral vieron al pollito Piolisto salir de su habitación con sus plumitas amarrillas bien estiraditas y pateando una pelota.

_ ¡Ya lo tengo!_ exclamó papá gallo.

_ ¡Qué dices cariño!_ preguntó mamá gallina.

_ Debemos inscribir al pollito Piolisto en una escuela de fútbol. Creo que le gustará, es una actividad que le permitirá estar en movimiento.

A mamá gallina le pareció muy buena la idea. Cuando se lo comunicaron a Piolisto éste  piaba de alegría sin parar de saltar.

_ ¡Pío pío pío, pío pío pío!

Una vez inscrito en la escuela de fútbol, sus padres siempre le apoyaban yendo a verlo jugar.

Pasados algunos años el pollito Piolisto se convirtió en el mejor futbolista del equipo amarillo. Disfrutaba haciendo lo que realmente lo gustaba hacer.

Mientras tanto el pollito Lito se desarrolló en la pintura convirtiéndose en un gran pintor de huevos de pascua quien también disfrutaba con su verdadera vocación.

De esta manera, con amor, negociación y orientación ambos padres lograron que sus hijos fueran muy felices haciendo lo que a ellos realmente les gustaba.


Autora: María Abreu

viernes, 13 de diciembre de 2019

ADVIENTO - El pollito Fito, poema infantil


El pollito Fito, poema infantil


Acurrucadito y calentito está el pollito en su cascarón.

Le crecen las patitas y  caminar es su ilusión.

Le salen las alitas y desea volar,

le crece el piquito e intenta piar.

Rompe el caparazón antes de caminar.

Saca una patita, luego la otra  y finalmente sale del huevo.

¡Pío, pío, pío, pío pío! Saluda al mundo nuevo.

¡Qué bien! Ha nacido el pollito Fito,

amarillito, como un limoncito.


Autores: María Abreu y Pablo Reyes

jueves, 18 de abril de 2019

POLLITOS DE PASCUA CON FLORES

Esta primavera, esta Semana Santa, en vez de traeros "easters" (tarjetas de Pascuas), nuestra felicitación consiste en el tutorial paso a paso de una suave y adorable manualidad de temporada, hecha y perfumada con unas flores amarillas muy comunes en nuestro clima mediterráneo, para que l@s lector@s hagáis estas figuritas vosotr@s mism@s. ¡Esperemos que disfrutéis fabricándolas y decorando con ellas!





lunes, 20 de agosto de 2018

VERSOS TIERNOS PARA EL MES DE AGOSTO


Algunos poemas y escritos infantiles 
Carmen Conde 

(Ilustrar cada poema con una foto alusiva de Wikimedia o de la vida real -Zarevna, un paseo por el mar de Benicàssim...-)

La Cierva y el Niño 
La cierva, madre, la cierva
a la cierva quiero ver 
bajo las ramas del árbol 
y en el arroyo beber. 
A la cierva, madre, llamo 
para que juegue conmigo 
yo busco saltar con ella 
porque quiero ser su amigo. 


Este Pobre Gazapito 
Este pobre gazapito 
aprendiéndose a correr 
es tan tierno como el niño 
que aprendiendo va también. 
Levanta orejas con miedo 
y las patitas le tiemblan, 
porque ya no tiene madre 
que entre sus patas lo tenga. 


El Tambor del Niño 
Yo tengo un tambor de oro 
y tú tienes un jardín 
yo tengo muchos tesoros 
y tú me tienes a mí. 
Yo tengo un río de plata 
y tú tienes un almendro. 
Cuando quieras tener casa 
ven conmigo que te quiero.


Cielo 
El lucero, 
al final de la tormenta, 
ha salido muy bien peinado, 
muy lavadito, 
con una gran sonrisa redonda 
en torno suyo.


Los Gatitos 
Si los gatitos hablaran 
¡cuántas cosas nos dirían! 
de las que escuchan de noche, 
de las que observan de día… 
Los gatos lo saben todo. 
Si su presencia es altiva, 
así no dan confianza 
por si alguno les castiga. 

Se mantienen muy señores, 
retozan con alegría; 
guardan secretos eternos 
de los niños y las niñas. 
Cuando un gatito se entrega 
y otorga su compañía 
es suave cual cordero 
e incapaz de felonía.


Nana del Mar 
Tengo un caracol de espuma. 
Metidas en sus fanales 
tengo muñecas de lirios 
y un paseo de corales. 

Ocultos en las mareas 
que se remontan al cielo, 
tengo castillos de peces 
y caballitos de hielo. 

Guardada llevo la luz 
entre mis sienes de plata. 
Y tendré para que duermas 
llena de sueño una barca. 


María Vega 
(Fragmento) 
Sé que has venido andando por el mar. 
Tienes enredados 
en los cabellos cinco 
luceros blancos que juegan al corro en tu 
frente. 


Torre 
Las campanas se besan 
antes del sueño, 
y todas las esquinas de las casas de 
campo huelen a cielo, porque dejan 
asomar –de cuando en cuando– un lucero.


Tardes de Fiesta (fragmento) 
Los barcos de los domingos, 
anclados fuera del puerto, 
con marineros del Sur 
y con grumetes traviesos. 

Los barcos de velas gruesas 
que venían de muy lejos, 
cargados con té y canela 
o con cristales y espejos… 

Los domingos se acercaban 
(como islas en un sueño) 
aquellos barcos tan limpios 
por el soplo de los vientos. 


Pureza 
Descalza, estrella, descalza. 
Por el agua alta, yo quiero ir descalza. 
Por el cielo hondo, 
yo quiero ir descalza. 
Descalza, estrella, descalza. 


El Niño Limpio (fragmento) 
Siempre que el niño iba a escribir lavaba 
delicadamente sus manos. 
¿Cómo había de ir a las cuartillas sin que 
las manos fueran limpias de todo sudor, 
de todo polvo minúsculo? 
La caricia del papel salía más clara. 


La Niña Cuenta un Cuento (fragmento) 
Había una pajarita de papel que se llamaba Nieves. Una tarde, su mamá la llamó y le dijo: 
-Como has sido muy buena en el colegio y no te han quitado ninguna pluma de las alas, te permito que juegues con tus amigas en el prado. 
La pajarita se reunió con sus amigas, que ya estaban corriendo alegremente. Eran unas pajaritas preciosas, azules, rosadas, verdes; entre ellas, Nieves resplandecía su blancura graciosa. 
–¿A qué vamos a jugar? –gritaron al ver a Nieves. 
–Juguemos a las bodas– dijeron cinco pajaritas azules. 
Como en aquel momento pasaba un gorrión volando muy bajito, la pajarita blanca se emocionó. 
–¿Con quién te casarías tú? –le preguntaron sus amigas–. ¿Con aquel gorrión? 
–Sí– contestó ella ruborizándose …

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VERSITOS TIERNOS ANÓNIMOS


A oscuras llegaré al árbol
y al caracol de la tarde.
A oscuras cuando anochece
llegaré a ver a mi madre.
Le llevaré cascabeles
y un sombrero de verdades,
cuando caigan los luceros
por donde no viene nadie,
en cada mano un clavel
y en la boca miel de azahares,
dos luceros en los ojos
y en el pelo cuatro mares.



Ven a conocerla,
te dará una cosa
más rica que nada
porque eres golosa.
Mi muñeca es linda,
vestida de rosa.


No se pierde nada
cuando lo que uno pierde otro lo gana.



MI POLLITO

Mi pollito, pi,
está malito, pi,
con calentura.

No se le cura, pi,
llamé al doctor, pi,
le recetó, pi,
una cuchara, pi,
y un tenedor, pi.


LOS POLLITOS DICEN

Los pollitos dicen
pío, pío, pío,
cuando tienen hambre,
cuando tienen frío.

La gallina busca
el maíz y el trigo,
les da la comida
y les presta abrigo.

Bajo sus dos alas
se están quietecitos,
y hasta el otro día
duermen los pollitos.