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jueves, 12 de diciembre de 2019

ADVIENTO - EL GATO NEGRO DE LA SUERTE

EL GATO NEGRO DE LA SUERTE


En una casa negra, con cama negra, armario negro, sofá negro y con su gato negro de la suerte vive la bruja Maruja.

Como la casa es negra y todo lo que hay en ella es negro la bruja Maruja no distingue a su gato negro. ¿Entonces cómo lo encuentra? Pues la bruja Maruja le llama por su nombre y el gato negro llega a sus pies maullando.

¡Miauuu!  ¡Miauuu!


Pero no siempre el gato negro responde al llamado de la bruja Maruja. Muchas veces se queda escondido debajo de la cama negra, del sofá negro o dentro del armario negro.

Por eso la bruja Maruja para poder encontrarlo decide convertirlo en un gato rojo.

Pero el gato se enamoró del color rojo y se fue al jardín de flores rojas, mariposas rojas y con las mariquitas rojas jugaba al escondite…, y  la bruja no lo encontraba.

Muy enojada por el juego del gato la bruja Maruja decide convertirlo en un gato verde.

Al gato también le gustó el color verde y corrió entre la hierba verde, arbustos verdes y con los saltamontes verdes jugaba al escondite…, y la bruja no lo encontraba.

Agotandosele la paciencia la bruja Maruja lo convirtió en un gato amarillo..

De igual manera al gato le encantó el color amarillo y saltó hacia los girasoles amarillos, avispas amarillas y con los patitos amarillos jugaba al escondite…, y la bruja no lo encontraba.

La bruja Maruja entendió que al gato le encantaba jugar con los colores, por eso pintó su casa de colores, llenándola de vida y alegría.

De ese modo el gato volvió a su casa pintada de colores y la bruja Maruja descubrió que también a ella le gustaba la vida llena de colores.

Autora: María Abreu

martes, 4 de abril de 2017

LA BURBUJA MÁS PEQUEÑA

LA BURBUJA MÁS PEQUEÑA

Este es un cuento sobre una burbuja, una burbuja muy pequeña. En realidad, era la burbuja más pequeña que nadie hubiera visto nunca. Sólo podía ser vista por el ojo de un hada.
"No es justo, a nadie le importa", susurraba la burbuja más pequeña de todas y suspiraba mientras flotaba en el arroyo con todas las demás burbujas. "No es justo que yo sea tan pequeña, no es justo en absoluto.
Mirad a mis hermanas burbujas tan grandes. Mirad sus hermosos reflejos de arcoíris. Los míos apenas se ven".
Durante mucho tiempo las burbujas flotaban en la corriente, las grandes burbujas con reflejos de arcoíris y la más pequeña y triste burbuja, dejando a su burbujeante cascada "madre" allá lejos, detrás de sí.
Flotaban dejando atrás sauces verdes y juncos de hierbas, grandes vacas marrones bebiendo en las orillas y madrigueras de conejos. Flotaban rodeando las colinas, atravesando los llanos y los valles.
Continuaban flotando, hasta que llegaban al extremo de un gran prado verde. Allí se escuchaban risas y voces de niños alegres que disfrutaban de una merienda campestre a la sombra de un árbol frondoso.
"¡Mirad!" gritó un niño. "¡Burbujas, vamos a cogerlas!"
"¡Burbujas!" gritaban todos los niños y saltaban y corrían por toda la orilla del arroyo. "Burbujas, burbujas, las más hermosas burbujas que nunca se han visto. Vamos a coger las burbujas del arcoíris".
Algunos niños se metían en el agua, otros tumbados intentaban alcanzarlas desde la orilla. Todos se divertían intentando coger las burbujas. Pero enseguida las hermosas burbujas grandes habían desaparecido.
No habían sido más que un deseo en las manos de los niños, nada más que el reflejo de un arcoíris.
Pero ¿que había sido de la burbuja más pequeña? Los niños no la habían visto, no habían intentado atraparla. Y de pronto, allí estaba, completamente sola, flotando corriente abajo.
"¿Por qué?" pensó. "Claro, como soy tan pequeña, no me han perseguido". Y seguía flotando, ahora se sentía feliz y decidida, flotando y flotando hasta que la corriente del río llegó al mar. Allí las olas cogieron a esta burbuja y la llevaron lejos hacia el azul brumoso, lejos, muy lejos, allí donde las hadas marinas danzan y juegan.
Un hada marina estaba ocupada removiendo una olla de perlas, cuando apareció flotando la burbuja más pequeña, que sólo podía ser vista por el ojo de un hada. Su reflejo arcoíris deslumbró los ojos del hada.
"Justo lo que necesitaba para poner color en mi olla de perlas", se dijo. La cogió y la puso en la olla y con un giro por aquí y otro giro por allá, la burbuja más pequeña ayudó a preparar una olla de perlas del color del arcoíris.

(The Littlest Bubble)

martes, 26 de agosto de 2014